Una historia de zombies

Una historia de zombies

“Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes

un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de

piedra y les daré un corazón de carne” Ezequiel 36, 26.

Hace poco vi la película más tediosa de toda mi vida; una trama confusa, unos protagonistas errantes y un final para el olvido. Y sin embargo, a ratos siguen en mi cabeza imágenes de esos zombies de poca monta.

Esos desagradables recuerdos me han llevado a pensar que lo mismo sucede con nosotros: al principio estamos todos sanos, desde el bautizo Dios nos regala unos ojos puros y un corazón capaz de amar y poco a poco vamos desalmándonos y contagiándonos de un mundo lleno de consumo y superficialidad.

Un niño es capaz de amar a cualquier persona, en la infancia no nos importaba mucho la apariencia de nuestros amigos, sino su bondad; de hecho todos recordamos a ese pequeño amigo de anteojos, un poco torpe y feo con el que nos encantaba compartir cuando éramos pequeños (si no lo recuerdas, quizás eras tú).

Y a pesar de ello, empezamos a crecer, a querer imitar modelos o figuras públicas y a perder un poco nuestra identidad. Así vamos dejando atrás nuestra capacidad de amar y vamos contaminando ese corazón que una vez estuvo limpio.

En la adolescencia otros fenómenos como la pornografía y toda la propaganda sensual nos vuelven completamente zombies… ¡Así es! Ya no tenemos la capacidad de pensar, y mucho menos de amar. Cuando vemos a una persona, la juzgamos y etiquetamos según su apariencia. Al momento de elegir nuestros amigos, los procuramos bien parecidos para atraer mujeres hermosas (y supongo que funciona igual entre las mujeres).

Y así, como en esta película donde cualquiera que tuviera un teléfono celular perdía la razón, hoy todos los que tenemos un televisor e internet nos convertimos en máquinas que no aman, sino que usan; que no piensan, sino que reaccionan.

Mientras estaba en el cine, pensaba que quizás los protagonistas buscarían un antídoto, una forma de volver normales a quienes se habían convertido en zombies, pero el interés de ellos estaba en usar armas extravagantes y matarlos masivamente, curarlos ni se les pasó por la cabeza.

En cambio nosotros tenemos esperanza, ¡la cura ya existe! Si te sientes incapaz de amar, busca la cura; si sientes que tus ojos no pueden ver con pureza la persona que Dios puso a tu lado, o a esa persona que te gusta, y ni siquiera querer de verdad a tus amigos, busca la cura.

¿Cuál es la cura? Un nuevo corazón.

¿Pero cómo hacer esto? ¿Dónde los venden? ¿Reciben tarjeta de crédito?… Bueno, en realidad es mucho más sencillo, solo tienes que pedirlo. Busca un lugar tranquilo, ojalá una capilla, cierra tus ojos, y desde lo más profundo de tu ser dile a Dios: “Señor, regálame un corazón nuevo, lleno de tu amor que es puro y perfecto”.

Así, tendrás la oportunidad de comenzar de nuevo, y recibir del Creador la gracia de un nuevo corazón.

José Luis Álvarez
José Luis Álvarez

Abogado de profesión y apóstol por vocación. Amo el fútbol y la literatura; me encanta cocinar y ver a Cristo en mi familia y en mis amigos. Mi mayor anhelo es agradar a Dios con mi vida y vivir su voluntad en cada instante. Miembro del Regnum Christi desde el 2007 y con la gracia de haber participado del primer retiro Search.

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