Tú a velocidad 10 Gbps. ¿Cuál es la velocidad de Jesús?

Tú a velocidad 10 Gbps. ¿Cuál es la velocidad de Jesús?

Por siglos el ser humano ha inventado formas maravillosas para hacer de la vida en la tierra algo fácil, cómodo y sencillo. Los fenómenos inventivos y tecnológicos tienen etapas de introducción en el mercado y  es innegable la obsolescencia de muchos de ellos.

 

Así como hace unos años un kb representaba una gran unidad de medida para el contenido multimedia y un disquete era un producto de lujo. A mediados del 2019, la máxima velocidad de navegación de Wi-Fi es 10 Gbps y con nuestros celulares tenemos una increíble capacidad de almacenamiento, más adelante con los años existirán otros términos y velocidades.

 

Si tú relación con Jesús fuera medible, pensemos ¿a qué velocidad quieres ir? Esta reflexión es inevitable en este momento en que tu cabeza y la mía están saturada de información. Cada uno carga en su interior unas dos o tres maratones de Netflix, unas decenas de libros leídos; somos la generación que disfruta las largas sagas y se aprende los diálogos cliché de las obras y películas. Llevamos en la cabeza teorías matemáticas, filosóficas, biológicas, políticas o económicas. Acontecimientos históricos y noticiosos, investigaciones y lecturas como estas. Almacenamos unas más o menos mil letras de canciones, tenemos unos cientos de seguidores en redes (o incluso miles, si eres muy popular o influencer) y nos absorbemos el contenido de los tantos miles a quienes seguimos.

 

Junto con toda esa información, queremos además tener bajo control: emociones, relaciones, agendas y dietas. Queremos ser los mejores bailarines, comediantes, cantantes de karaoke, cocineros, fotógrafos, empresarios, triatletas (con la moda de la bici y las carreras) y si queda tiempo: los mejores amigos, hermanos, hijos, novios y en el último renglón: la mejor versión de tu mismo. A ti y a mi nos han hecho creer que la mejor versión es el resultado de hacer todo lo anterior de una forma rápida, eficiente y por entero. Y es todo lo contrario: solo puedes ser la mejor versión de tu mismo, siendo tú primero y luego todo lo demás, esa es la velocidad y la lógica de Jesús.

 

De Dios Padre comprendemos el paso a paso, comprendemos con la lectura de las primeras letras del Génesis que la maravilla de la creación no es un parpadeo. Toda obra de arte toma un largo y dedicado proceso. Detente a mirar el brote de una flor, el crecimiento de un bebé en la barriga de su madre o simplemente reflexiona en cuánto tiempo (y cuántas caídas) nos toma erguirnos para salir corriendo a los brazos de papá.

 

De Jesús comprendemos que hay que prepararse bien para salir a darlo todo. Leemos en Lucas 2:40 que Jesús crecía y se fortalecía con calma en casa. A sus treinta comienza su tarea mesiánica públicamente, fue llamando a los suyos uno por uno e iba caminando, sin prisa. Vivió tres años intensos e increíbles con sus discípulos y se tomaba su tiempo para escuchar, sanar y anunciar el Evangelio. Su pasión, muerte y resurrección  fue a fuego lento y cumpliendo al pie de la letra, haciendo nuevas todas las palabras que en antiguo se había dicho de Él.

 

Dios se toma en serio el tema de los tiempos y las velocidades. Conoce que es importante para nosotros este recurso y nos enseña a valernos de Él, y no hacer del tiempo nuestro ídolo. No podemos pretender ser humildes, sencillos, alegres o pacientes de un día para otro. La vida espiritual es una aventura que no tiene fin, pues entre mayor sea el conocimiento de Su amor, mayor será nuestro deseo de parecernos a Él para amar más, será imposible culminar el logro de todas las virtudes como terminar una maratón de una serie o saga. Es imposible chequear la vida espiritual como lugares en el mundo que quiero visitar. No tiene sentido medir la felicidad que nos da Él con “likes”. No es posible pretender ser Santo, pleno y feliz como una meta a la que se llega después de ciertos años de entrega. Vivir la vida espiritual con la inmediatez del mundo es reducir a Dios a la medida de nuestra rutina; esto más que un absurdo, es una garantía de frustración.

 

Este no es un mensaje desalentador, todo lo contrario: Ir a la velocidad de Jesús es un reto de conocerte, ser tú mismo y perseverar, de bajarle al acelere que llevamos inherente al ritmo sobrecargado de nuestros tiempos. Qué esperanzador es ver que Jesús rompe siempre todos los patrones, siempre saldrá al encuentro y nos enseña con hechos que sus tiempos son perfectos, sus velocidades lentas y oportunas y su eficiencia enriquece la totalidad de nuestro ser.  La llamada es comprender que la felicidad es el camino y no el final. La santidad un estilo de vida de dejarnos hacer como el vaso en manos del alfarero, de manera sencilla, lenta, una y otra vez.

nadia arango
nadia arango

Colombiana y millennial. Algo nerd, algo filósofa, algo foodie, algo ingeniera. Del todo humana, del todo Searchera. La felicidad está en la paradoja: la grandeza de lo pequeño, el amor en el dolor, tenerse para darse.

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