Sufrimiento Con-Sentido

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Sufrimiento Con-Sentido

Hoy en día, vivimos en una cultura de lo fácil, nos rige la ley del menor esfuerzo. Hemos subvalorado el sufrimiento, intentamos evitar el dolor a toda costa. Olvidamos la importancia que tiene para todo en la vida esforzarse, superar nuestras pasiones e impulsos, usar nuestra inteligencia y nuestra voluntad para ir más allá de la naturaleza humana más básica. Por esto es que muchas personas son tan escépticas con el sacrificio de los cristianos. Lo ven como algo anticuado, inhumano, retrógrada, incluso loco. Pero, ¿quién no sufre? Y ¿Nos hace el sufrimiento más fuertes o nos debilita?

 

 

La respuesta puede ser muy sencilla pero no deja de ser difícil de entender. Sí, es la cruz, es Jesús, es su dolor que nos redime de la ceguera del egoísmo al amor, su dolor que pagó por nuestras faltas para darnos vida. Esa es la teoría que he escuchado desde el colegio. Y muchos años después sé que es la respuesta correcta pero cada vez que me voy de misiones en Semana Santa, cuando voy a Misa y comulgo, cada vez que me confieso, comprendo un poco más lo que significa Ese Hombre clavado en un madero, algo que va más allá de lo que puedas aprender en clase de religión. Cada día comprendo el dolor de Jesús porque experimento su amor. ¿Cómo alguien pudo amarme tanto que pasó por tanto sufrimiento? Lo hizo porque quiere enseñarme a amar también así.

 

 

Sufrir por vivir el sufrimiento mismo no está bien. No vinimos al mundo para destruirnos ni para ser miserables. Pero el sufrimiento CON-SENTIDO, que a veces llega solo pero otras es voluntario y provocado pues tiene razón de ser, es un tesoro olvidado que la Iglesia nos reta a retomar en Semana Santa. Ese sentido, el que está en la cruz, por el que nos ponemos la pañoleta, por el que vamos a las ceremonias incluso cuando nos da pereza, por el que nos abstenemos del dulce que nos gusta o de una horita más de sueño… ese sentido es Jesucristo que durante los días santos revive su pasión y muerte, POR AMOR A NOSOTROS, como lo hace en cada Eucaristía. Los sacrificios que hacemos nos unen a Jesús en la cruz. Es nuestra forma de decirle “Yo también te amo y quiero cargar un pedacito de tu cruz contigo”, “yo quiero recorrer este camino a tu lado para conocerte y así poder amarte más y mejor”, “yo, con este sacrificio, quiero ser más santo, forjar mi voluntad para parecerme más a ti y acercarme al cielo”. Puede no ser mucho, pero para Él cada detalle es inmenso, todo cuenta, especialmente durante la semana que nos necesita más que nunca.

 

 

No hay santidad sin sacrificio, no hay amor sin esfuerzo, no hay felicidad sin dolor. Semana Santa es la oportunidad para salirse de la zona de confort y atreverse a amar de verdad, a amar hasta que duela, como dijo la Madre Teresa. Sólo ese amor nos hará realmente libre.

Maria Isabel Giraldo
Maria Isabel Giraldo

Soy María Isabel Giraldo, estudio derecho y soy una apasionada más por París y sus iglesias. Me encanta dedicarme a no tener tiempo libre, disfruto la vida entre estudiar, cantar, volar y vivir para Dios. Amo los atardeceres, la selva de noche y los santuarios Marianos. Misionera desde siempre, parezco tímida pero me dan de comer y me suelto. “Jesús, que yo siempre haga lo que Tú quieras!”- Alexia González.

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