Subibaja

Subibaja

Día tras día debemos luchar. “Debemos ser valientes y nadar contracorriente”, es una frase que he escuchado mucho últimamente. Hay un detalle muy importante; aunque sepamos que nunca vamos a ser perfectos y el camino no va a ser fácil, no debemos olvidar la meta que nos espera. Una meta que no se encuentra de frente, sino viendo hacia arriba.

Es curioso cómo todo en esta vida se podría pensar como un subibaja. Cuando era pequeña recuerdo salir al recreo en la escuela a jugar, muchas veces me la pasaba en el tobogán, o en las hamacas o muchas otras en el subibaja. Cuando te encontrabas abajo con tu compañero de frente arriba, se sentía como si fueras lo más pesado del mundo y que nada te iba a levantar, de pronto la gravedad bajaba al otro al piso y ahora tú eras el de arriba, liviano, con una vista panorámica donde casi te podías creer el dueño del mundo. Lo que pasa es que a los segundos ibas de vuelta para abajo donde estuviste en un principio, porque así es cómo funciona el juego. Era una montaña rusa de emociones donde cada vez que bajabas o subías tenias un cosquilleo en el estomago ¿Te acuerdas?

En fin, ¿a qué voy con todo esto?

4 palabras: Así es la vida.

La vida es un subibaja de emociones y acontecimientos. Muchas veces nos sentimos ahí donde empezamos, abajo, pesados, cargados de tristezas, decepciones, pecado, lejos de Dios, fríos. Muchas veces nos quedamos ahí sentados sin hacer nada, pensando que nada nos va a levantar. Pero muchas otras, estamos felices, orgullosos de lo que hacemos, llenos de amor y alegría, cerca de Dios, con las baterías recargadas como cuando sales de la confesión, con un sentimiento en el corazón de gritarle al mundo cuán grande es Él.

Lo difícil, a veces, es acordarnos de ese cosquilleo que sentías cada vez que bajabas o subías, el cosquilleo que había en el intermedio de esas dos pausas, el cosquilleo que te indica y te recuerda lo importante que es disfrutar el proceso de las cosas, que te recuerda que nunca estás solo, que te dice más vale disfrutar la levantada que quedarse hundido en la caída.

“Nosotros no somos nuestros pecados”, me lo dijo un gran amigo sacerdote alguna vez.

¿Pero entonces? ¿Es normal?

Claro que lo es, es normal sentirse frío y caliente, sentirse en un subibaja infinito que no parece acabar. Es normal porque somos hombres, somos débiles y caemos una y otra vez, pero lo que pasa es que tenemos un Padre tan Maravilloso que nos ama TANTO que cuando caemos nos ama aún más. ¡Qué locura!

¿Ese cosquilleo? Es Él. Es Él quien maneja el subibaja, es quien decide cuando pararlo, es esa gravedad que te impulsa de vuelta, quien toca la campana al terminar el recreo y te invita a irse con Él y dejar el subibaja detrás. Hasta que llegue ese momento cada día sin importar lo que pase, sin importar que no lo sientas ardiente en el corazón, nada más di “gracias”. Agradécele por un día más, por las cosas pequeñas, por los pequeños detalles.

Te darás cuenta que en el más pequeño de los detalles hay un mar de sonrisas, hay amor puro y es donde encuentras la verdadera felicidad: Dios.

Cristina Quiros
Cristina Quiros

Tica, enamorada de Cristo. Una mujer intensa y cariñosa que le encantan los abrazos y espera de corazón alcanzar la Santidad, pero antes, hacer todo lo imaginable para merecerla. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir” – Beata Teresa de Calcuta

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