Sin miedo a decir sí

Sin miedo a decir sí

En un pueblo pequeño vivía una niña con su familia, era hija única. Sus padres le enseñaron a orar desde pequeña y siempre el centro de su familia fue Dios. Todas las personas que la conocían veían en ella algo diferente, sabían que era muy especial. Nunca tuvo novio, su corazón siempre estuvo ocupado y dedicaba cada día de su vida a hablar con Dios. Gracias al gran amor que sentía fue siempre una buena hija, obedecía en todo a sus padres y era muy servicial con los demás. Sin embargo, su vida no fue fácil y cuando aún era muy joven, tuvo que tomar una decisión que cambió su vida por completo. Faltando muy poco para casarse, recibió un mensaje que sin saberlo, había estado esperando. Aunque al principio la invadió el miedo, cuando por fin lo escuchó, su corazón latió con fuerza y la paz que sintió en ese momento era inimaginable. No entendía bien lo que estaba pasando pero lo que sentía era más fuerte y la impulsó a desear abrirle su corazón a Dios, a corresponder a ese amor tan grande que estaba sintiendo. Así que su respuesta al mensaje fue: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”. Y de esta forma María le dio un SÍ a Dios y permitió que Él entrara en su corazón.

Muchas veces nos cuesta corresponder al gran amor que Dios nos tiene por miedo a abandonar nuestros planes o simplemente porque no entendemos bien lo que nos está pidiendo. Cuando el ángel se le apareció a María, ella se asustó y no podía creer lo que le estaba pasando. Al igual que nosotros, ella también sintió miedo al comienzo. Sin embargo, fue más poderoso el amor que experimentó y dejó a Dios conquistar su corazón. Preguntémonos qué nos está impidiendo darle ese SÍ a Dios, ¿Qué es lo que me da tanto miedo?

Nos enfocamos tanto en lograr entender lo que debemos hacer y en lo que va a pasar después, que nos olvidamos de lo que realmente es importante: tener un verdadero encuentro con Dios. Eso es la fe, ese encuentro, es la capacidad que tenemos de abrirle el corazón a Dios para que Él lo pueda transformar.

Hace poco aprendí que tal vez no siempre Dios nos va a mostrar cuál es su voluntad, y justamente eso no debe ser lo esencial para nosotros. Fijar nuestra mirada en Él, eso es lo esencial, no en lo que va a pasar porque eso solo lo sabe Dios. Preocupémonos por construir una relación con Él, por conocerlo y poco a poco aprender a amarlo más. No pensemos tanto las cosas y permitámonos sentir más, porque a Dios no lo podemos ver sino con los ojos del corazón. “La mirada de Dios no es como la del hombre; el hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón” (1 Sam 16, 7). Esto es lo esencial para Dios, lo que hay en cada uno de nuestros corazones, es allí donde Él quiere entrar.

El amor es una decisión, Dios no nos obliga a abrirle nuestro corazón, Él nos espera pacientemente, pero depende de nosotros tomar esa decisión de dejarlo entrar.

Es muy fácil a veces decir esto pero la pregunta que muchos nos hemos hecho es: ¿Qué debo hacer para abrirle mi corazón a Dios?

Para aumentar nuestra fe y poder lograr esto, es necesario purificar nuestro corazón. Por ejemplo, cuando un corredor de autos va a correr, debe prepararse y “revestirse” con todo el equipo necesario (uniforme, casco, etc.). Así mismo, nosotros también debemos revestirnos con ciertas cosas que nos ayudan a limpiar nuestro corazón. La oración es necesaria para tener una constante comunicación con Dios, es como cuando estamos enamorados, necesitamos hablar para que el amor crezca; ocurre igual con la fe, para que sea más sólida hay que orar, solo así crecerá y entenderemos lo que Dios quiere. También a través de los sacramentos, de la confesión y de luchar por estar en gracia, es como realmente vamos a poder proteger nuestra alma. Pero lo más importante es que debemos reconocernos necesitados de Dios. Yo puedo permitir que Dios entre en mí pero también lo tengo que dejar actuar en mí, porque la fe es un Don que viene de Él. Así que digámosle: “Señor, aumenta mi fe”, solo así vamos a ser capaces de dejarlo actuar en nosotros, que sea Él quien dirija nuestra vida.

Tomemos como ejemplo a María, pidámosle que nos acompañe y así de su mano, vamos a poder llegar a Jesús. La Virgen nos enseña que no debemos tener miedo de abrir el corazón, porque Dios se va a encargar del resto, Él solo quiere que nosotros le demos un SÍ como el de María, con fe y aceptando su voluntad sin medidas, sin saber realmente lo que va a pasar, pero con el mayor deseo de enamorarnos más de Él.

No tengamos miedo, dejemos que nuestro corazón grite “SÍ quiero”, quiero que entres en mí para cambiar mi vida.

“Deja que tu fe sea más grande que tus miedos”

Valentina Gutiérrez
Valentina Gutiérrez

Soy colombiana, estudio psicología. Nací el día de La Virgen de Guadalupe y ella me ha acompañado en cada momento de mi vida. Estoy enamorada de Dios y quiero aprender a amarlo cada vez más. Mi pasión es ver a Dios en los demás y servirle. Me encanta reírme, leer, escuchar música, viajar y me encanta el chocolate. Quiero luchar por hacer de mi vida una oración y cumplir por medio de ésta, la voluntad de Dios. “Porque donde esté vuestro tesoro allí también estará vuestro corazón” (Lc 12, 34).

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