Ser esclavos de nosotros mismos

Ser esclavos de nosotros mismos

¿Qué sucede cuando no somos capaces de ver más allá de lo que nos muestran nuestros ojos? ¿Qué pasa cuando nuestra mente y corazón se quedan cortos en el deseo de alcanzar metas? Pasa que empezamos a dejar que nuestra vida sea gobernada y  dirigida por todo aquello que es efímero, por aquello que es temporal.. Pasa que nuestra alegría y nuestros sentimientos también se vuelven efímeros.

 

 

¿Qué sentido tiene ser esclavo y perder el don más grande que Dios nos ha dado? ¿Qué sentido tiene perder nuestra libertad? Es gracias a la libertad, que Cristo nos brinda su confianza, y sobre todo, nos hace hijos de Él. Es por este don que justo antes de morir, nos dejó a María, Madre Pura y Fuerte que es para nosotros el rostro de la libertad, aquella que nos hace posible decir sí cuando se quiere con el corazón y decir no cuando se tiene el conocimiento de lo que no proviene de Dios y de lo que Él no quiere para nuestra vida.

 

 

Existen momentos en  que nos convertimos en esclavos de los vicios y de los problemas, momentos en que nos dejamos envolver por la sociedad y el mundo en el que vivimos, momentos en los que vivimos situaciones o realizamos acciones que sabemos que no son las correctas para nuestra vida. Como seres humanos, siempre tendemos a ir por la vía más fácil, por aquella en la que creemos que seremos felices con tan solo esforzamos un pequeño porcentaje  de nuestra capacidad. Pero no es así.

 

 

¿Por qué somos así? Por la herencia del pecado original. Esto nos lleva a tener una tendencia a lo mundano y esto se potencializa cuando nos damos cuenta que la sociedad y el contexto en que nos movemos, también tienden a ello. Debemos sentir amor por nosotros mismos, pues como seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios, debemos ser capaces de saber que tenemos que aprender a respetarnos y a querernos, pero sobre todo, de evitar volver a ser como aquella gente que hace 2000 años clavó y crucificó a nuestro Salvador, a Dios mismo en una cruz. Esto es uno de los primeros pasos con los que tenemos que cumplir para ser guerreros en este mundo. Una vez que nos amamos y lo más importante, que somos conscientes del infinito amor que Dios nos tiene, seremos capaces de convertir esa tentación en fuerza, esas caídas en lecciones, y así podremos ser reflejo de la imagen que Cristo nos dejó cuando estuvo como humano por el mundo.

 

 

Una vez que somos capaces de sentirnos amados por Cristo, debemos orar para pedir sabiduría; sabiduría que será una herramienta y nuestra principal arma para luchar por la libertad, esa libertad que nos permitirá plantearnos con fe y esperanza, un objetivo al cual nos invita Dios, y es vivir una vida en Santidad, una vida que sea capaz de cambiar no solo nuestra vida sino la de todas las personas con las cuales nos enfrentemos a lo largo de nuestro paso por la tierra.

Ignacio Sancho
Ignacio Sancho

Soy un tico con una gran ilusión de cambiar la sociedad en la que vivimos por una sociedad llena del Amor y la Misericordia de Dios, a través de todos los jóvenes y su compromiso con Cristo. Viviendo el día a día con una esperanza tan grande como lo es alcanzar el Cielo y poder disfrutar de las infinitas maravillas que Dios tiene para nosotros cuando logremos alcanzar la vida eterna. Agradecido con Dios por todas las gracias y las bendiciones que recibo en cada momento de mi vida y comprometido a luchar por Cristo y con Cristo con el objetivo de transformar vidas y salvar almas así como Él lo hizo conmigo.

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