¿Qué se esconde detrás de la montaña?

¿Qué se esconde detrás de la montaña?

En enero me encontraba de vacaciones con mi familia, después de muchos años nos reuníamos todos mis primos y tíos para disfrutar de la playa, el mar y buenos momentos.

Después de un viaje en carro de aproximadamente 14 horas llegábamos por fin a nuestro destino, una cabaña maravillosa a unos pocos pasos del mar donde pasaríamos nuestras vacaciones, no pasó mucho tiempo cuando ya todos estábamos disfrutando del mar conversando riendo y pasando un buen rato.

Cuando menos pensé estaba viendo una de las grandes maravillas que nos da Dios todos los días pero que algunas veces dejamos pasar desapercibidas o en algunos lugares puede ser visto de una forma más maravillosa, ya se imaginarán qué tenía frente a mi ojos. Si, era un hermoso atardecer de esos que son difíciles de olvidar, podía ver perfectamente la forma redonda del sol. fueron los minutos más hermosos que había tenido en mucho tiempo, me dejé deslumbrar por tan mágico momento, vi como lentamente el sol iba bajando y poco a poco se iba escondiendo en lo que al parecer era una montaña.

Me empezaron a llegar preguntas a mi mente y no sabía por dónde empezar a resolver. Me preguntaba ¿qué habría al otro lado de la montaña?, ¿hacia dónde se dirigía el sol?, ¿qué se lleva el sol consigo luego de cruzar al otro lado? Parecen preguntas algo tontas pero para mí en ese momento significaban algo.

No sé si alguno haya tenido uno de esos días en los que las cosas no salen muy bien, tenían planeado hacer algo pero por alguna circunstancia sale mal, y cada cosa que hacen sale diferente a cómo lo habían planeado. En ese momento pensé que cuando se ocultaba el sol se llevaba consigo todos esos malos momentos que habíamos tenido ese día pero solo pasaría si nosotros se lo permitíamos. Ahí comprendí que ese sol era Dios y que siempre que tuviéramos un mal día lo único que debíamos hacer era entregarle a Él esas situaciones que nos habían sucedido en el día.

Como dice en la primera carta de Pedro “echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pedro 5:7), también en Filipenses 4:6 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

Siempre debemos tener la certeza de que Jesús nos escucha como un padre a su hijo y que Él solo quiere lo mejor para nosotros. No sé si les ha pasado que cuando le cuentan a sus padres o amigos sus problemas éstos se hacen más livianos o les es más fácil encontrar una solución, pues exactamente esto mismo pasa cuando le contamos a Jesús todo lo que nos sucede.

Los invito a que siempre al llegar la hora de dormir o cuando el sol se esconda hagan un balance sobre su día y tengan esa pequeña conversación con Jesús, donde le cuenten todo lo que salió bien, lo qué salió mal y preguntarle cómo podrían mejorar, les aseguro que no les tomará más de 5 minutos.

Mariana Isaza Restrepo
Mariana Isaza

Feliz enamorada de Dios, estudiante de fisioterapia, apasionada por servir a Dios en todo momento. Me encanta viajar, ver paisajes, conocer culturas, ir de misiones y llevar a Dios a todo rincón donde vaya.

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