Primer paso: proponte ser Santo (Parte 2)

Primer paso: proponte ser Santo (Parte 2)

La semana pasada, en un artículo anterior, hablamos de los tres pasos para ser santos. Como las palabras del Papa Francisco a los jóvenes reunidos en la Plaza San Pedro en el año 2013 nos invitan a buscar la santidad: “¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!”, nos invita a que busquemos lo más grande de nuestras vidas: el Cielo.
Evidentemente somos seres humanos llenos de debilidades y defectos, y esto hace que esta propuesta se quede en bonitos deseos si no ponemos de nuestra parte y esfuerzo. Pero Cristo lo sabe, sabe que este es un reto de esos grandes en nuestra vida y por eso Él nos ofrece una serie de herramientas que nos ayudarán a dar estos tres pasos. Me permito nombrarte algunas:

 

 

La oración (porque le gusta que seamos abusivos y pidamos bien): tenemos que saber qué es lo que Dios quiere de cada uno de nosotros antes de proponernos ser santos. Ya vimos que todos los santos son diferentes. La santidad es un regalo de Dios que debemos pedir también humildemente todos los días. Pedirlo de verdad, pero no pedir un determinado tipo de santidad; con súper poderes, con buena salud para trabajar o con puestos importantes. Hay que dejar a Dios que escoja el tipo de santidad que quiere para cada uno. Él nos conoce y nos ama más que nadie, sólo querrá lo mejor para nosotros y hay que confiar en Él y su plan único. No dejes nunca tu oración personal por muy cansado que estés, esto te va a dar la fuerza de voluntad para alcanzar esta propuesta y querer conquistar tu alma y el mundo. Yo rezo todos los días: “Señor, hazme santo”.

 
En gracia, ¡gracias a Dios! Sacramentos: si algo hay que tener claro es que la gracia no viene de nosotros, viene de Dios. Si queremos comenzar este camino de santidad es porque así lo ha querido Él. Sólo Dios puede hacer posible una trasformación en nuestra alma, en el amor. Hay que saber que somos débiles, egoístas, soberbios, pero Él es el único que puede sanarnos. Por eso, nos ha dejado la confesión para poder levantarnos cada vez que caigamos. Santo no es el que no peca, es el que lucha por su santidad. No importa que tan pequeño seamos o que tan inexpertos, Dios se valdrá de nosotros para alcanzar grandes logros. También Él se nos da en la eucaristía, nos da esa gracia que nos empuja a arrancar: “La Eucaristía es mi camino para el Cielo, mi camino a la santidad” – Carlos Acuti. Por esto, debemos frecuentar estos sacramentos para recibir la gracia.

 
No hay santidad sin cruz: por lo tanto la mortificación cristina hay que tenerla presente, esforzarse por llevar la Cruz todos los días: no hay identificación con Cristo si no se ama la Santa Cruz. No podemos esperar una resurrección sin antes pasar por la cruz, así tampoco podemos esperar comenzar el camino de santidad sin querer cargar con la cruz de cada día: con nuestros amigos, en la universidad, los estudios, las dificultades, las debilidades, las fiestas, la familia. Hay que saber abrazar, con el mismo amor que Cristo abrazó el instrumento de su muerte, nuestra cruz para proponernos ser santos.

 
El burro adelante…Apostolado: es imposible querer comenzar esto solo para nosotros mismos, hay que darlo a conocer a los demás. Decía el Papa Francisco: “Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado… ¿es un cristiano?… ¡no es un cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado!”. Solamente cuando somos capaces de entregar a los demás lo que vivimos y nos hemos propuesto, podemos decir que estamos realmente identificados con Cristo. Hay que saber que Cristo nos ha pedido santificarnos y santificar a los demás a través de nuestro testimonio y entrega incondicional.

 
Plan de Vida: para comenzar este camino no se debe improvisar, no se consigue de un día para otro. La santidad es un camino de subida hacia la altura y supone esfuerzo y trabajo personal, pero sobre todo planificación. Hay que estar preparados para comenzar esta subida a lo más alto, tener nuestro termo, zapatos, ropa adecuada, saber qué es lo que vamos a comenzar. Por eso te recomiendo fijar cuales serán tus metas, saber la seriedad que hay que tener y disponer de un “Coach” (director espiritual) que te ayude en cualquier punto de la subida para alcanzar la meta propuesta.

 

 

Ahora entiendo por qué persiste la frase del Papa Francisco en mi cabeza, y es que desde ese entonces, no he parado de soñar y soñar en grande. Sueño que este mundo en el que vivimos puede ser mejor. Sueño que puede haber menos odio y más amor. Sueño que mis hijos crezcan en un lugar increíble. Sueño que puedo llegar a ser el cambio que quiero ver en el mundo. Sueño que Cristo reine en los corazones de los jóvenes y que logremos ponerlo en el Centro de nuestra vida; nuestras amistades, nuestros noviazgos, nuestros futuro matrimonio, nuestros estudios y trabajos, que sea el centro de nuestra sociedad y podamos así encontrar una felicidad plena en el amor.

 

 

Por esto, desde ese entonces, todos los días me propongo ser santo. No lo pienses más, proponte ser mejor, proponte soñar en grande con un corazón grande. Empezar es de muchos, continuar es de algunos, y terminar de pocos. Sin embargo, si no comenzamos, nunca le daremos la oportunidad a Cristo de responder al llamado que nos ha hecho. Te aseguro que aquel que ha muerto por ti en la Cruz, no te va a fallar nunca, te ama como nadie más, te ama hasta el extremo y solo quiere lo mejor para ti. Así que, adelante, da ese primer paso y ¡Proponte ser santo!, ¿Aceptas este reto?

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José Lam
José Lam

Estudio Ingeniería Industrial en la Universidad de Costa Rica, pero soy un venezolano “Pura Vida” (como dicen los ticos). No hay nada mejor que una pelota, cualquier deporte relacionado con esta lo juego y lo sigo, tan aficionado del fútbol que hasta digo que soy entrenador. Me gusta ayudar en lo que me apasiona, así me apasiona ayudar. Si algo me caracteriza, o al menos eso dicen de mí, es llevar a Cristo a donde sea que vaya y haga lo que haga. Es la mejor manera de servir y ser feliz. Mi sueño es llenar mi estadio antes de partir.

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