No hay color, con Dios no hay color

No hay color, con Dios no hay color

Probablemente suene extraño el título del artículo, explico un poco el contexto: en el fútbol hay un término que se utiliza cuando un jugador del club rival es mejor o ha tenido una temporada muy buena con otro equipo, se dice que “no hay color”, porque aunque es de otro equipo (los clubes de fútbol se caracterizan por sus colores) se acepta que es el mejor. Así pasa con Cristo, no hay color, porque pase lo que pase Él está ahí, y nuestra vida tiende de Su voluntad.

No hay color porque aunque existan problemas, Él es la respuesta absoluta, tenemos que confiar plenamente en Su amor para poder entender lo que pasa y lo que pasará. No hay color porque Él es el mejor jugador, Dios crea el juego, reparte el balón y nos permite a nosotros anotar gol; me gusta relacionar esta metáfora con el dicho “Uno pone y Dios dispone”. Siempre pasa lo que nuestro Señor Jesús sabe que es mejor para nuestra vida.

La vida es como un partido de fútbol, debemos dejar que Dios sea el entrenador; la guía en el camino para poder vencer a las tentaciones, los pecados y a nuestras debilidades humanas. Si mantenemos a Dios en nuestro corazón, el partido resulta más fácil que enfrentarlo solos. La vida es así, Cristo nos pone altas y bajas (como en los partidos). Habrá momentos en los que tengamos el balón cómodamente, habrá otros en los que podamos concretar un buen juego y existirá siempre la posibilidad de perder. Para eso tenemos que estar preparados y ser hombres de verdadera fe. Recuerdo que un gran padre Legionario de Cristo una vez compartió: ¿Qué es mejor, casi casi salvarnos o casi casi condenarnos? No debemos de quedarnos en el casi, sino pasar a la salvación absoluta para lograr la vida eterna.

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día postrero.” -Juan 6:54

Debemos entender que como cualquier deportista tenemos que entrenar nuestro espíritu y nuestra relación con el Señor, por medio de las herramientas maravillosas que tenemos a la mano: Dirección Espiritual, Misa Dominical, Recibir la Eucaristía, Confesión, Visitas al Santísimo, Apostolados, Retiros, Vida de Gracia. Y como en todo deporte de equipo, hay que jugar todos juntos; ayudar a los que no están cerca de Dios para que conozcan lo hermoso que es su amor y que Su equipo sea cada vez más grande. Reconocer cuando no estamos en órbita con el juego para practicar más y volver al nivel en el que estábamos. Tener la humildad para afrontar toda situación en la grandeza de Dios, porque de Su mano siempre podremos ganar el partido. No hay, y nunca habrá color en la decisión de quién es el mejor: Dios. Él es el camino, la verdad y la vida; nada en este mundo terrenal puede suplir su poder y su amor, nada nos puede llevar a la vida eterna más que Él. Debemos anotar muchos goles en Su nombre, dedicar nuestro tiempo y nuestra vida a Cristo, ese debe ser nuestro objetivo de vida. Cuando lleguemos a la casa del Señor, cuando pasemos a la vida eterna, poder pararnos frente a Él y decirle: “Padre, te he glorificado con mi vida, he jugado en tu nombre y ahora que terminó el partido te quiero contar que ganamos. Estoy aquí para quedarme en tu casa por toda la eternidad.”

“Así que, hermanos os ruego por la misericordia de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrifico vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo; sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” -Romanos 12:1-2

Diego Martín Rocha Sánchez
Diego Martín Rocha Sánchez

Soy Diego Rocha, soy mexicano, tengo 19 años y estudio Derecho en Tijuana. Amante del creador, de los apostolados, de la cultura de mi país y del fútbol siempre confiando en lo que Dios ha preparado para mi. Me gusta saber que Cristo es el motor de mi universo, yo giro alrededor de Él y soy su instrumento. Mi frase para el desayuno es "A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota".

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