NO a los cristianos de caras largas

NO a los cristianos de caras largas

El Papa Francisco en el Evangeli Gaudium – La alegría del Evangelio – nos menciona varios problemas que tenemos en la sociedad de hoy. Entre ellos está; la idolatría al dinero, la inequidad que causa violencia y la mundanidad espiritual. Son muchos puntos que recomiendo leer con tiempo, pero en este artículo quisiera enfatizar estos tres. Vivimos en un mundo con muchos problemas y cada vez se ve más difícil la lucha por erradicarlos. Un mundo que nos invita a las cosas instantáneas o momentáneas y donde todas las demás cosas “no valen el esfuerzo”. Una vez una maestra preguntó quién había ido a un retiro alguna vez – sin necesidad de que sea espiritual – y me sorprendí al ver que fui el único en levantar la mano. La gente no puede parar, no puede tomarse un break de su vida y escuchar a Dios, o interiorizar en uno mismo. Conforme pasa el tiempo, tenemos más responsabilidades y ocupaciones, por consecuencia, nos cuesta darnos tiempo a nosotros mismos o en nuestro caso, tiempo para Dios. Creo que ésta, es una de las causas principales de los problemas que el Papa Francisco nos menciona. Estamos tan ocupados que hasta se nos olvida comer y cuando nos da hambre queremos lo inmediato. Tan ocupados que se nos olvida la equidad hacia todos, se nos olvida voltear a ver al de alado que sufre. Estamos tan inmersos en el mundo que caemos en esa mundanidad espiritual, perdemos de vista Lo esencial. Si nosotros, que conocemos a Dios, caemos en estos problemas, con más razón caerán aquellos que no Lo conocen. Esas personas caen y la sociedad misma los hacemos caer todavía más abajo. Crítica, tras crítica, tras crítica. ¿Cuántas veces somos nosotros quienes empujamos a esas personas? Esto causa tristeza, depresión, odio, rencor y creamos un mundo lleno de egoísmo. Donde en vez de ayudar al de alado a salir adelante con su gran idea, buscamos como tumbarlo para que no nos supere. Tenemos un reto muy fuerte frente a nosotros. El cristiano debe imitar a Cristo, imitar su misericordia y su amor.

A esas personas que sufren a causa del mundo, son a las que debemos de darles el amor que Cristo nos dio. Nosotros estamos llamados a ser luz de esperanza, a guiar a los demás al bien. A llevar a Cristo con nuestros amigos, con nuestros compañeros de clase o de trabajo, con nuestra familia, a donde sea que vayas. No podemos ser cristianos de caras largas, cristianos amargados, cristianos tristes. ¡Tienes a Cristo! ¡¿Qué más quieres?! Tienes La Salvación en tus manos, al mejor amigo de tu lado. El cristiano tiene que, sin lugar a dudas, ser cristiano profundamente feliz. El que tiene a Cristo, brinca, grita, ríe, baila; disfruta cada día de tu vida y te darás cuenta que transformarás tu entorno sólo con el testimonio.

El mundo te necesita, que des testimonio del amor de Cristo y seas esa mano que levante al que está caído en vez de empujar. Estamos llamados a ser cántaros para dar de beber a los demás y a veces ese cántaro es una pesada cruz.

“¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37).

Cristo nos invita a darle de comer al que tiene hambre, hambre de amor. ¿Si no eres tú, entonces quién será? No nos conformemos con repartir sándwiches a los necesitados, vayamos más allá, cambiemos el mundo. Veamos la necesidad de cada uno y encontremos la solución, porque Cristo nos enseñó que debemos salir a su encuentro como el Padre salió al encuentro del hijo pródigo. Dediquemos un tiempo de nuestra vida a analizar nuestra sociedad y proponer soluciones, no te quedes en un mero acto altruista, actúa como Cristo lo haría. ¿Cuántas personas viven sin ganas? Y nosotros, no nos preocupamos. Y claro, cambiar el mundo es cansado, a veces tedioso y desesperante. Pero saber que estás cambiando el mundo por Él, te tiene que hacer sonreír. Pues por más cansado, por más agobiado que estés, siempre vas a tener una sonrisa que invita a los demás a conocer a Cristo. ¡Eso es lo que nos hace diferentes a cualquier otra persona que busca el bien sin Jesús! Porque cuando estás enamorado del que dio la vida por ti, no existe absolutamente nada que te pueda parar en la transformación del mundo. Nada que te pueda quitar la sonrisa, nada que te pueda quitar la alegría y el gozo de ser de Él.

No fuimos hechos para sobrevivir, si no para vivir. ¡Vive! ¡Disfruta! La vida es un regalo, el más grande de todos, no vayas por la vida con una cara larga. No sobrevivas el día a día, vívelo, y vívelo con alegría. ¿Por qué nos ahogamos en los problemas de la vida cuando tenemos todo lo necesario para respirar?

Y Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá (Jn 11,25)

Diego Treviño
Diego Treviño

22 años, estudiante, mexicano y regio de corazón. Orgulloso ex colaborador con ganas de transformar el mundo de la mano de Dios. Rema mar adentro y verás. No preguntes, sólo rema…

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