Madurando en la fe

Madurando en la fe

Desde pequeña conocí a Jesús, lo conocí como mi mejor amigo, Aquél que siempre estaba para mí Aquél que iba a ir conmigo a donde quiera que yo fuera. Esto me llevó a pensar que mi relación con Él iba a ser siempre perfecta, que no iba a sufrir ningún cambio y que siempre lo iba a sentir.

Sin embargo, a medida que fui creciendo, me di cuenta que esto no era tan así, que estaba equivocada, pues descubrí que yo tenía momentos en los que no lo sentía, momentos en que le hablaba y no lo escuchaba y momentos en que sentía su ausencia. No entendía que estaba pasando, pensaba que yo había hecho algo mal y que Él estaba enojado o que simplemente no estábamos conectados.

Llegó la universidad y luego el trabajo. Mis momentos de oración y actividades apostólicas cambiaron, y esto también me hacía sentir que mi relación con Cristo estaba sufriendo cambios que yo no lograba entender, que estábamos pasando por un momento de frialdad. Es un momento difícil porque sientes que no hay forma de volver a estar con Él como antes. Pero al mismo tiempo intentaba encontrar la manera de seguir cerquita de Jesús. Intentaba no faltar a las Horas Eucarísticas ni a mis direcciones espirituales. A medida que pasaba el tiempo fui entendiendo que aunque no lo estuviera viendo ni sintiendo Él SIEMPRE estaba ahí conmigo.

Una vez un sacerdote me dijo muy sabiamente: “Cristo nos habla en el silencio”; y realmente era así como en este tiempo de cambio nos estábamos comunicando pero yo no lo había entendido. Poco a poco comprendí que así como nosotros vamos madurando, nuestra fe madura también y nuestra relación con Jesús no se deteriora ni deja de ser perfecta, pero experimenta un cambio, que debemos aprender a afrontar. Después de esto entendí que puedo hacer de mi vida una oración, que en el trabajo y en el estudio también puedo ser testimonio, que hacer oración y sacrificios encaja en la rutina diaria. En fin, experimentar y aprovechar al máximo cada momento de oración, acompañarlo y dejarte tocar por la paz que solo Él puede dar, no tiene precio.

Cuando somos conscientes de esto podemos percibir realmente cuánto nos ama Jesús, que se atreve a madurar con nosotros, nos da la oportunidad de aprender a amarlo de otra forma y no se aleja cuando no podemos acompañarlo de la misma manera de antes, al contrario, sigue ahí a nuestro lado acompañándonos en los cambios que sufre nuestra vida, tomándonos de la mano y al final del día nos dice ” princesa, príncipe, Te amo y aquí estoy”. Es por esto que con nuestra vida debemos contestarle a nuestro Rey cuánto lo amamos, valorar lo que Él hizo que es dar su vida por nosotros y valorar que después de haber hecho esto se atreve a aceptar que vamos cambiando de etapa en nuestra vida, que vamos madurando muchas veces al ritmo de nuestra fe.

Por otro lado, es necesario no perder de vista que es importante que esto no se convierta en una excusa para no buscar esos espacios de oración y apostolado. Al contrario, que esto sea una motivación para que cuando se presente la oportunidad lo hagamos con mucho más amor.

Ahora mi relación con Jesús no puede ser más perfecta, porque Él está conmigo, y me lleva de la mano en este camino.

“Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón” –  Pio de Pietralcina

Mariana Restrepo
Mariana Restrepo

"Quien no vive para servir, no sirve para vivir" Madre Teresa. Negociadora Internacional. Enamorada del amor infinito de Dios y de la mejor mamá: María. Pasatiempo favorito: Comer. ¡Dedicada a ser instrumento y caminar de la mano de Dios!

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