La paz que tanto anhelo

La paz que tanto anhelo

Una experiencia en Cristo conlleva un encuentro profundo de emociones y sentimientos, donde nuestros problemas y situaciones complicadas pareciere que desaparecen para no aparecer nunca más. Sentimos en lo más profundo de nuestro corazón y alma una paz que jamás o pocas veces hemos sentido. Descubrimos verdades y desenterramos momentos. Somos perdonados y nos atrevemos a perdonar. Hemos descubierto la estrategia y al mejor compañero para hacer frente a nuestras situaciones presentes y pasadas. La alegría ilumina nuestro corazón como el brillo de un amanecer. Pareciere que la batalla ha terminado. Y a pesar de todo, se nos presenta una situación compleja pero que en Cristo seremos capaces de enfrentar: ¿Cómo hago para sentirme así todos los días? ¿Cómo convierto esta experiencia en algo que nunca se termine? Existen muchas respuestas, ninguna más importante que otra, concluyendo siempre en una premisa tan sencilla, profunda, verdadera y llena de vida: “Con Cristo, en Cristo, por Cristo”.

Ahora, fácil no será, uno tendrá que luchar día con día para poder sentir esa paz que solamente la experiencia en Cristo es capaz de provocar. Y debemos preguntarnos: ¿Qué es la paz? Encontramos muchos conceptos y definiciones, pero con las que más podemos identificarnos son: “equilibrio y estabilidad en las partes de una unidad”, “ausencia de violencia o guerra” e incluso como “deseo de un estado interior de tranquilidad”. Hoy, vengo a proponerte la siguiente definición: “Virtud que brota de la confianza en Dios”. No he encontrado una definición más descriptiva y profunda que esta, ya que: al ser virtud requiere trabajar en ella día con día; el que brote conlleva que es un resultado de, pero lo más importante, es el hecho de que es resultado de la Confianza en Dios, de esa seguridad de que, con Cristo, en Cristo y por Cristo seremos capaces de mantener una relación de confianza con Dios y, por lo tanto, vivir en esa paz tan alcanzable y anhelada.

Vamos retroalimentando y resumiendo: Tuve una experiencia en Cristo y me encuentro en un momento que siempre había anhelado e intentado alcanzar; nunca había sentido una paz tan profunda y quiero sentirme siempre así. También, ya entendí que este sentimiento que tanto me gusta requiere trabajo diario, ya que resultará de una estrecha y sólida confianza en Dios, y esta confianza en Dios puedo lograrla mientras todo lo que haga sea “con, en y por Cristo”. Por fin, hemos definido lo que queremos alcanzar, y para ello quiero pasarte unas recomendaciones, sin limitar aquellas que tu conozcas, pero que creo podría ayudarte en todo lo que te he platicado:

Sé constante. La vida es una constante lucha, pero hoy tú sabes que tienes al mejor compañero de armas, al mejor líder en tus batallas y sin duda al más valiente, Cristo. Lucha todos los días, ¡carga con tu cruz sabiendo que alguien la carga contigo!

Sé tenaz. No te des por vencido, Cristo nunca se dará vencido por ti, por muchas que sean tus caídas. Levántate siempre con la mirada en alto.

Sé humilde. Confiésate, acude a un sacerdote, a direcciones espirituales, a retiros, a apostolados, a ejercicios espirituales, a misiones, te prometo que son armas poderosísimas para tu batalla diaria.

Ama incondicionalmente. A los que te rodean, a tus amigos, a tu familia, a Cristo; ¡Enamórate de Él! Te prometo no vas a encontrar un amor tan correspondido, tan empático y tan profundo.

Ora. Es tu arma más poderosa, de verdad. Cristo te lo dijo y tú mismo lo has descubierto en tu experiencia. Atrévete a pedirle a Cristo todo lo que necesites y lo que te falte, siempre responde, a su manera, pero siempre lo hace.

Practica. Cuando ciertas personas quieran ponerte en una situación complicada, o quieras convencerlos que el camino que has decidido seguir vale la pena, practica el amor y la caridad. Somos una religión de obras, no solamente de palabras. Que esa gente vea en tu alegría, en tu sonrisa y en tus acciones diarias que Cristo habita en ti.

Confía. Pon tu vida en las manos de Cristo. No vale la pena, vale la vida.

Te prometo que se puede, pero también te advierto que hay que trabajar todos los días en ello. Tendrás muchos retos por delante y habrán momentos donde no sabrás que hacer. Caerás otras muchas, pero siempre tendrás un compañero infinitamente misericordioso y que siempre te va a levantar, Cristo. Toma tu cruz y síguelo, porque, aunque cueste esfuerzo, sacrificio y mucho trabajo, es con Cristo, en Cristo y por Cristo donde encontrarás la verdadera felicidad; donde lograrás la mayor trascendencia; donde experimentarás el mayor e incondicional amor; donde tendrás la relación más sólida y cercana con Dios y donde, te lo prometo, la confianza en Él brotará de la manera más abundante, dando como resultado, esa paz que tanto anhelas, haciendo que tu experiencia en Cristo nunca termine.

Edmundo Elias Loyola
Edmundo Elias Loyola

Soy un joven mexicano que intenta ser abogado, emprendedor pero siempre un soñador. Busco la felicidad, la trascendencia y cambiar el mundo. Sufro de hiperactivismo en Cristo, te invito a compartir mi trastorno.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.