La niebla

La niebla

Hay un gran peligro cuando caminamos entre la niebla. Podemos ver nuestro cuerpo y las cosas más cercanas a nosotros, pero somos incapaces de observar lo que hay a la distancia.

Nuestra alma, al igual que nuestro cuerpo, a veces camina entre la niebla. ¿Cómo saberlo? Se denomina “tibieza espiritual”, y actúa cada vez que ignoramos la voluntad de Dios y seguimos nuestros propios deseos. Aunque una vez parezca inofensivo, este distanciamiento al llamado que tenemos en el corazón, puede ser progresivo. Y cuando menos lo esperamos, es tanta la niebla frente a nosotros, que nos encontramos perdidos y con miedo a caer.

La niebla, entonces, es esa sensación fría en el corazón; es la incertidumbre que acompaña las propias decisiones. La niebla es la imposibilidad de ver más allá de tu propia mano extendida, pero que muchas veces, bajo la excusa de tener el camino asegurado y de “saber hacia dónde estás yendo”, sigues recorriendo. Crees tener certeza de tu destino, pero en el fondo, muy en el fondo, te absorbe un miedo inmenso a caer; a dar cualquier paso en falso en medio de un suelo incierto, pues no puedes ver realmente por donde estás avanzando.

Sigues caminando y de repente, te resbalas. Sientes como tu corazón cae hasta el suelo en medio del vacío, pero logras mantener el equilibrio para no caerte. A lo lejos escuchas una voz conocida diciéndote que te quedes quieto, que esperes. Dice que ya va por ti, pero tú sigues caminando, pues tienes tu destino claro y crees conocer y poder sobrepasar el camino para llegar a la meta.

En el camino de la tibieza espiritual, estamos ciegos a lo que hay frente a nosotros y sin embargo aparentamos seguridad, convencidos de tener las herramientas y de conocer el camino. Nos negamos a mostrarnos débiles, así como a aceptar que puede haber otro camino para nosotros, mejor que el que nos tenemos dibujado. Viajamos en contra de nuestra voz interior; de ese susurro que en medio de la niebla nos dice que paremos, que vamos en la dirección equivocada, que lo esperemos porque quiere ir a buscarnos.

Te estarás preguntando, ¿por qué si el camino en medio de la niebla es tan aterrador, preferimos seguirlo? El camino en medio de la niebla es muy tentativo, porque responde a nuestros propios deseos y lo hace de manera inmediata. No nos exige renuncias ni desvíos, y nos permite caminar por nuestras propias fuerzas. Y aunque llegue un momento en el que nos sintamos desorientados, como no vemos nada después de nuestra propia mano extendida, seguimos caminando.

La niebla hace que perdamos la capacidad de ver más allá, y esto quiere decir, de encontrarle el sentido del después a nuestras acciones. Es un camino muy peligroso porque hace que ignoremos nuestro entorno, nuestro contexto, las necesidades a nuestro alrededor e incluso las oportunidades que se nos presentan para ser cada día mejores. Es un camino que nos lleva directo hacia nuestro vicio más grande o hacia nuestro defecto dominante, y en medio del pensar que vamos caminando hacia nuestras metas, tal vez nunca antes habíamos estado más perdidos.

¿Cómo superar la tibieza espiritual?

“Guarda silencio ante el Señor, espera con paciencia a que Él te ayude” Salmos 37:7.

Cuando realmente necesitamos a Dios, sólo basta con quedarnos en silencio y esperar Su respuesta. Porque al que ora con fe, llegará el Señor a ayudar y traerá claridad entre la niebla. Nos permitirá observar sin obstrucción lo que tenemos a nuestro alrededor, y nos ayudará a decidir por dónde y hacia dónde vamos.

La niebla es un camino muy cómodo, porque aunque no estamos dando lo mejor de nosotros mismos ni luchando por perfeccionar nuestras virtudes, y sólo nos estamos dejando llevar por nuestros deseos, no estamos siendo grandes pecadores. Pero Dios nos pide la santidad, y con ello viene una gran responsabilidad de buscar siempre crecer en virtudes y luchar constantemente por ser la mejor versión de nosotros mismos.

Si algún día te sientes así, arrodíllate, háblale a Dios y espera Su respuesta. Porque no hay mal camino si estás aferrado a su mano.

 

Natalia Bonnet
Natalia Bonnet

Soy una persona extremadamente alegre, disfruto mucho compartir tiempo con mi familia y mis amigos. Me encanta bailar y leer. Estoy 100% enamorada de Cristo y me enamoró aún más de Él todos los días. Soy fan #1 de María intentando seguir sus pasos tanto como me sea posible. Estoy en el proceso de convertirme en la persona con la que un día Dios soñó. "Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera." -Anonimo

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