La excelencia del amor

La excelencia del amor

El mes pasado, escribí en este blog sobre cómo el camino a la santidad implica siempre un reto a vencer. Es importante hacer ésa reflexión y pedir luz para saber qué es eso que en éste momento de mi vida me impide mejorar mi relación con Dios. Requiere de mucha humildad reconocer nuestros errores y de un gran coraje para poder derrotar las tentaciones, que tanto nos atraen. Es por eso que quiero compartir contigo una luz que Dios me dio y que me ha dado mucha esperanza y fortaleza en los últimos días.

San Pablo, en su primera carta a los Corintios, habla mucho sobre la importancia de la unión de la comunidad y de la fuerza que tiene el amor del que Cristo tanto nos habló. Habla de un amor auténtico e incondicional.

Les dice a los Corintios: podría conocer todos los misterios de la ciencia y tener una fe tan grande como para mover montañas. “Pero si no tengo amor, nada soy. Y aunque repartiera todos mis bienes a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.” (1 Corintios 13, 3).

Creo que es válido preguntarnos, ¿Qué tan auténtico soy cuando amo? ¿Busco el bien de los demás, desinteresadamente? ¿Mido cuánto estoy dispuesto a dar por los demás? Si algo nos critican (incluso nosotros mismos, católicos, creando división) como Iglesia, es cuando estamos en apostolados sólo por el qué dirán, por las fotos que voy a poder subir, y no por verdadero amor y servicio a los demás. Cuando actuamos así, es muy fácil caer en la incoherencia y ganarnos el famoso y tan doloroso reproche de los demás: “¿No que muy católico?”.

Como en cualquier relación, llega un momento en el que ya te sientes con cierto compromiso. Por ejemplo, en el noviazgo evitamos ciertas situaciones que nos expongan a serle infiel a nuestra pareja. Lo mismo pasa en nuestra relación con Dios. Llega un momento en que ya no hay vuelta atrás, y la relación nos exige seriedad. Y es por eso que nos da miedo, al vivir en una sociedad en la que ya no se busca el compromiso. Es en ése punto, dónde debes decidir si el compromiso será serio, cuando la relación con Dios madura. Y al ponernos serios, el compromiso exige más.

La medida del amor es amar sin medida.”- San Agustín.

Debemos de buscar la excelencia. En todo lo que hagamos: escuela, trabajo, deporte, etc. Al hacer las cosas por amor, ya le encontramos el sentido a la vida. Pero San Agustín se refiere a ser excelentes a la hora de amar. Ser excelentes en nuestras relaciones con los demás. No podemos amar a medias, porque entonces estamos poniéndonos a nosotros mismos antes que el otro. A todos nos desanima mucho toda la violencia y división que hay en el mundo, parece que ya no hay esperanza al ver las noticias del día. Pero si algo podemos hacer nosotros para cambiar la situación, es amar al máximo. Debemos de luchar por romper cualquier barrera que nos impida amar sin medida: orgullo, rencor, envidia, egoísmo, etc. Librarnos de éstas cadenas que nos tienen prisioneros en una cárcel de tristeza. ¡Que triste debe ser la vida de aquellos que no aman por miedo a la decepción! El que ama encontrará consuelo, porque también será amado por los demás. Cuando amas auténticamente, el perdón es más fácil. Pero sólo amaremos cuando lo demos todo, sin esperar nada a cambio.

Sé que estás pensando que es muy fácil decirlo, que sólo un santo podría lograrlo, pero ¿No es eso a lo que aspiramos? ¿Al cielo? A lo mejor parece exagerado, radical, pero lee lo siguiente:

“El amor es paciente y bondadoso;

no tiene envidia

ni orgullo ni arrogancia.

No es grosero ni egoísta,

No se irrita ni es rencoroso;

No se alegra de la injusticia,

Sino que encuentra

Su alegría en la verdad.

Todo lo disculpa, todo lo cree,

Todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Corintios 13, 4-7).

La Biblia cada vez se ha subestimado más. No lo dijo Bob Marley, no lo dijo Gandhi ni Steve Jobs; Es la misma Palabra de Dios, que siempre estará viva. Es el mismo Dios, a través de San Pablo, quien nos propone ésta manera de amar. Pudo haberse escrito hace 2000 años, ¿pero a poco no lo puedes aplicar a tu vida en pleno siglo XXI? Y si aún no te convence la Biblia, ¿no crees que, actuando de ésta manera, podemos cambiar el mundo?

Vamos a amar al máximo, sin restricciones. A través de los demás experimentaremos el amor de Dios, rompiendo con la barrera que nos ha impuesto el pecado original.

Rodrigo Reyes Aspe
Rodrigo Reyes Aspe

Tengo 20 años, estudio Dirección Financiera en la Ciudad de México y me apasiona la NFL. Soy fánatico de los karaokes y puedo volverme loco con Game of Thrones. Mi parte favorita de mi relación con Dios es cuando paso tiempo con Él en la Hora Santa y me deja ver lo Grande que És cuando actúa en mi Vida.

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