¿Estaré realmente cerca de Cristo?

¿Estaré realmente cerca de Cristo?

¿Que significa realmente estar cerca de Cristo y ser fiel a Él? Muchas veces creemos estar tan cerca de Cristo que caemos en el error, de lo que yo podría llamar, una rutina espiritual. Con esto me refiero a esa rutina de oración, de ir a misa y de cumplir con los compromisos que tengo diariamente, lo cual está muy bien, pero ¿será que realmente estoy cumpliendo con la voluntad de Dios y soy realmente consciente de lo que me corresponde como hijo suyo?

 

 

¿Será que nos pasa lo mismo que a el hijo mayor de la parábola del Hijo Pródigo? Aquél hijo que está cerca de la casa del Padre, pero que cuando llega el momento de demostrar lo que realmente sentimos por nuestros hermanos, inclusive por nuestro propio Padre, caemos en nuestro egoísmo humano y salen a relucir esos sentimientos que nos hacen estar realmente lejos de lo que Él quiere para nosotros.

 

 

El estar cerca de la casa del Padre nos debe generar un compromiso mayor, porque no basta con sentirnos felices con nosotros mismos, sino más bien, demostrar el amor que nos mantiene cerca de Él a través de nuestras acciones con los demás. ¿De qué sirve sentirnos el ser más amado por nuestro Padre, si nos quedamos ahí, con ese amor solo para nosotros? ¿No estaremos cayendo en un sentimiento egoísta? ¡Claro que sí! y ¿no es el egoísmo un sentimiento contrario al amor? ¡Claro que si, también!

 

 

Es por esto que hoy debemos reflexionar sobre la forma en cómo nosotros correspondemos a ese amor tan inmenso que Dios nos da día a día, y que no nos quedemos en solo el amor, también reflexionemos sobre la infinita misericordia que nos tiene Dios. ¿Qué hacemos nosotros por transmitir ese amor y esa misericordia a nuestros hermanos en Cristo? ¿Realmente amamos y perdonamos a aquellos que nos hacen mal? ¿Realmente servimos al Padre por amor a nuestros hermanos, o solo le servimos como medio para alcanzar una satisfacción personal y para que me vean haciendo un apostolado?

 

 

Tenemos que ser cuidadosos con respecto a esa rutina espiritual que mencionaba al principio, ya que esta rutina puede crear en nosotros cierta ignorancia de todo lo que tenemos a nuestra disposición por estar cerca de Cristo. Tal y como el hijo mayor, quien siempre se mantuvo junto a su Padre y nunca dejó de laborar en sus responsabilidades, y que cuando llegó el momento de estar alegre por lo que su Padre le daba a su hermano, ignoró por completo que todo eso él ya lo tenía consigo en todo momento. Y es que ¿cuántas veces no somos aquellas personas que le resienten al Padre muchas de las situaciones que son voluntad de Él, pero que por creernos mejores cristianos que otros hermanos somos egoístas y nos creemos más dignos y merecedores del amor y perdón del Padre que el resto de nuestros hermanos?

 

 

Creo firmemente en que nuestra cercanía con Él nos debería volver sensibles. Sensibles a todas las bendiciones y gracias que Cristo tiene para nuestra vida. Debemos dar gracias infinitas por todo ello, pero también debemos pedirle a Él sabiduría – sabiduría para poder ser capaces de reconocer aquello que me corresponde como hijo suyo; hijo fiel y leal de la voluntad del Padre, pero que también seamos un hijo a través del cual las personas que nos rodean puedan visualizar a Cristo.

 

 

Demos gracias por la bendición que es estar acá todos reunidos, al servicio de Él, pero sobre todo, demos gracias por todo lo que tenemos a nuestra disposición como cristianos que somos. Pidamos a Dios que nos dé la gracia de tener nuestro corazón completamente abierto a Él, y que de esta manera siempre seamos conscientes de todo lo que Él hace por nosotros día a día. También oremos por ese don de saber corresponder al Amor y la Misericordia infinita que tiene Dios por nosotros de la forma en cómo Jesús en su momento supo corresponder a la voluntad de su Padre y como la Virgen María también lo supo hacer.

 

Ignacio Sancho
Ignacio Sancho

Soy un tico con una gran ilusión de cambiar la sociedad en la que vivimos por una sociedad llena del Amor y la Misericordia de Dios, a través de todos los jóvenes y su compromiso con Cristo. Viviendo el día a día con una esperanza tan grande como lo es alcanzar el Cielo y poder disfrutar de las infinitas maravillas que Dios tiene para nosotros cuando logremos alcanzar la vida eterna. Agradecido con Dios por todas las gracias y las bendiciones que recibo en cada momento de mi vida y comprometido a luchar por Cristo y con Cristo con el objetivo de transformar vidas y salvar almas así como Él lo hizo conmigo.

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