¡Esta es tu señal!

¡Esta es tu señal!

Seguro tú, como yo, alguna ves has pedido una señal especifica para seguir avanzando o para poder tomar decisiones en medio de alguna situación o en tu día a día. 

 

¿Te has preguntado si llegará algún día esa señal que tanto has pedido? 

 

Muchas veces vamos por la vida sintiéndonos mal, sentimos vacíos, nos sentimos desganados y la mayoría del tiempo queremos ver hacia fuera para ver que pasa y echar culpa a todo lo exterior de lo que va pasando. Pretendemos que el otro desde fuera, arregle lo que hay en nuestro interior. 

 

 

Vamos por ahí tristes, llenando el corazón con cosas que a veces nos dejan más vacíos. Buscamos pozos que parecen saciar la sed de nuestras vidas pero en realidad hacen sentir más que nunca la sed de nuestros corazones, y parece que no hay fin. La ansiedad parece apoderarse de nosotros y de un día a otro, estamos tirados cual boxeador en un ring, cansados de dar tantos golpes al aire y sin fuerzas buscando respuestas para llenar estos vacíos. 

 

 

Nuestros pensamientos nos comen, las emociones se apoderan de nosotros y parecemos haber perdido la batalla, pero siempre hay algo o alguien que sale a nuestro rescate. Hoy te invito a que voltees a ver a tu alrededor. Algún amigo que siempre está ahí, ese recuerdo que tanto te gusta y te ayuda a mantenerte, esa esperanza que guarda tu corazón en algún rincón, tu hermano o tu mama que siempre buscan ayudarte o te puede pasar como a mi. Dios estaba esperando cualquier detalle para hacerse presente y que lo volteara a ver. Me pedía a gritos con tantas cosas que le diera una oportunidad, solo una para hacer de mi alguien nuevo. 

 

Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; Ezequiel 32

 

En medio de mi pozo sin fin, Dios salió a hacerse presente como agua viva, esa agua viva que sacia toda sed del corazón. Todos nos hemos encontrado alguna vez ahí, cansados de buscar soluciones pero listos para un golpe de suerte o una señal que cambie nuestra vida y el golpe de suerte llegó. Empecé lo que tantas veces había escuchado pero pensé que a mi no me pasaba, sanar mis heridas. ¡Qué aventura entrar a lo más profundo del corazón! ¡Que aventura detener tu vida por completo y sentarte a ver que pasa! Probablemente te pase como a mi y te da miedo entrar a ver que hay, te da miedo tener que ver lo que tantas veces escondes para que los demás no vean. Te da miedo quitar esas máscaras que tantas veces te pones, pero qué necesario es frenar y hacer un chequeo del corazón. 

 

 

Muchas de nuestras tristezas están ahí como heridas del tiempo y mientras hacemos como que no existen, nos siguen lastimando y nos siguen robando esa felicidad que tanto anhelamos. Le pedimos a Dios a gritos que nos de señales, que nos de una ruta y al final del día cuánto nos cuesta soltar y entregar todo para que Él empiece a actuar. ¡Si necesitas una señal, aquí está! ¡ESTA ES TU SEÑAL! ¡Este es tu momento!

 

Hoy voltea a verle, búscale y dile con ese corazón herido que te rindes, no a seguir luchando, si no a querer hacerlo todo solo y a tu manera. Dale a Dios la oportunidad de esta vez, hacerlo a su voluntad y a su tiempo. Solo necesita un sí. Solo necesita que sueltes para poder darte lo que Él tiene preparado y créeme, es mucho mejor. 

 

Se dice fácil y te lo digo yo de este lado después de haber jugado al estira y afloja con ese Dios que solo busca tu felicidad. Una felicidad plena y duradera. Una felicidad que trasciende. Pero solo inténtalo, te prometo que no te fallará. Deja que vaya curando y cicatrizando cada una de esas heridas. Cada una de esas veces que te sentiste menos, que alguien te fallo, que diste de mas, que te abandonaron, que te mintieron, que te pusiste ídolos falsos, que te quitaste tu valor, que quisiste llenar tu corazón con algo que sabías que no lo iba a llenar. Te va a doler tocar tu herida pero creo que lo has escuchado y vivido muchas veces, la herida que no se sana, se repite. Aquello que escondemos, sale a recordarnos de vez en cuando que estamos mal y nos vuelve a lastimar. Hoy te invito a que entregues todo ese costal que tanto te pesa, todo eso que te lastima y te dejes amar. Solo eso, dejarte amar en todo momento por aquel que te busca y te sale al encuentro para decirte “te basta mi gracia”. Deja que El te lleve en este proceso de ir identificando, limpiando, renovando y moldeando tu corazón para recibir aquello que tanto has anhelado. 

 

Hoy en día hay muchos medios que te pueden ayudar. Podcasts, cursos, procesos guiados, medios que están a un click de alcance. Ve más allá de tus miedos, sal de tu zona de confort y si ves que no puedes solo, pide ayuda. Estoy segura Dios te pondrá a alguien como instrumento para acompañarte, déjate llevar por su amor.

 

No le des muchas vueltas, ¡ESTA ES TU SEÑAL!. Date la oportunidad de sanar y tener plenitud y gozo en tu vida. Dios no te va a fallar. 

 

 

Rebeca Llamas
Rebeca Llamas

Mexicana, trabajo en ASUA en la Universidad Anahuac, y vivo enamorada de Dios. Mi vida es un viaje y Dios lleva el volante, yo solo disfruto. Soy fan del tennis, de los atardeceres y del amor maternal de Maria. Los abrazos, las sonrisas, y los pequeños detalles, el mejor regalo. - "Que nadie venga a ti, sin irse mejor y más feliz" -MT

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