Esa mirada

Esa mirada

Una imagen que me gusta mucho imaginarme es cómo será el rostro de Jesús, como serán sus gestos, pero principalmente, sus ojos, y en ellos ver reflejada esa mirada que ha cambiado más de una vida.

Me imagino esa mirada llena de amor, de ternura, de alegría, de compasión, pero sobre todo de misericordia. Esta última es una palabra latina cuyo significado etimológico es «miseris cor dare», «dar el corazón a los míseros», a los que tienen necesidad, a los que sufren. Muchas veces siento que voy donde Jesús con un corazón lleno de necesidades, un corazón que ha sufrido, que ha tenido momentos difíciles, que se ha sentido solo; por otro lado un corazón que ha cometido errores, que ha tomado malas decisiones, que se ha equivocado, que ha caído en el pecado, en esos momentos siento que todo empieza a perder el sentido, que me empiezo a alejar de Jesús, y me dejo envolver en el pecado. Es aquí cuando me viene una imagen a mi cabeza, me imagino a Jesús sentado al lado de un árbol, o en una banca en un parque, otras veces está en el sagrario esperando con paciencia que yo llegue y me acerque a Él para contarle lo que aflige mi corazón, lo que me atormenta, lo que no me deja estar tranquila, y en el momento que llego a Él, me encuentro con esa mirada que desde la primera vez que la vi y la sentí transformó mi vida y le dio un sentido, una mirada que está llena de amor, de ternura, de misericordia, es una mirada que sin duda cambia vidas.

Es una mirada que llega a lo más hondo del alma y conoce lo que en ella hay, una mirada que sana heridas, que borra rencores, que limpia un corazón impuro. Una mirada que poco a poco transforma la vida de quienes son mirados por primera vez, de quienes en esos ojos encuentran un sentido a su vida.

A través del Evangelio podemos ver la cercanía, la bondad, la ternura con que Jesús se acercaba a las personas que sufrían y las consolaba, las aliviaba y, a menudo, las curaba. Uno de los pasajes que más me gusta, sobre todo por el hecho de imaginarme cómo sería la mirada de Jesús, es Lucas 19 1-19. En éste, Zaqueo, quien era un recaudador de impuestos, deseaba ver a Jesús mientras que llegaba a Jericó, pero resulta que era bajo de estatura por lo que decidió subirse a un árbol para verlo pasar. Cuando Jesús pasó por el árbol donde estaba Zaqueo, se detuvo y miró hacia arriba y le dijo que bajara, pues se iba a quedar en su casa. Yo solo me detengo en esta parte del Evangelio y me pregunto qué tendría esa mirada de Jesús para que Zaqueo bajara inmediatamente y se fuera con Él, me imagino una mirada llena de amor, una mirada que no lo juzgó por su pasado, por sus errores, si no una mirada que logró transformar el corazón de un hombre en pocos segundos.

Quiero terminar con esta frase que dijo el Papa Francisco el 22 de mayo del 2015 en la homilía:

“También nosotros podemos pensar: ¿cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí? ¿Cómo me mira Jesús? ¿Con una llamada? ¿Con un perdón? ¿Con una misión? Pero, por el camino que Él ha hecho, todos nosotros estamos bajo la mirada de Jesús. Él nos mira siempre con amor. Nos pide algo,  nos perdona algo y nos da una misión. Ahora Jesús viene sobre el altar. Que cada uno de nosotros piense: ‘Señor, Tú estás aquí, entre nosotros. Fija tu mirada sobre mí y dime qué debo hacer; cómo debo llorar mis equivocaciones,  mis pecados; cuál es el coraje con el que debo ir adelante por el camino que tú has recorrido primero”.

Mariana Isaza Restrepo
Mariana Isaza

Feliz enamorada de Dios, estudiante de fisioterapia, apasionada por servir a Dios en todo momento. Me encanta viajar, ver paisajes, conocer culturas, ir de misiones y llevar a Dios a todo rincón donde vaya.

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