El sacrificio forja al hombre

El sacrificio forja al hombre

Los maratonistas se preparan mucho tiempo con entrenamientos de todo tipo: acondicionamiento físico, fortalecimiento de los músculos, condición, paquete completo pues. Pero aproximadamente 6 meses antes de la carrera (dependiendo de cada uno) tienen un entrenamiento exhaustivo y exigente, mucho más de lo normal. Hacen un plan diario y semanal de lo que van a hacer cada día. Que tal día van a correr 5 kilómetros, el siguiente día aumenta a 8 y ejercicios de fuerza. La próxima semana empiezan con 10 y así sucesivamente. Cada día y cada semana van aumentando la exigencia del cuerpo para que sea una mejora progresiva. Se va acercando el día del maratón y corre medio maratón, después unos 30 kilómetros, y ya casi es el día de la carrera y sigue sin correr 42 kilómetros. Sorprendentemente, el maratonista nunca corre los 42 kilómetros durante el entrenamiento, sólo hasta el día del maratón. La exigencia de correr un maratón es tanta que, si corren esa distancia en un tiempo cercano a la carrera, su rendimiento será menor. El maratonista, consciente del esfuerzo que va a requerir terminar esa carrera, se prepara para la carrera con distancias menores para aumentar su condición.

Así es nuestra vida todos los días. Te vas a enfrentar con mil y un maratones que vas a tener que completar y no te vas a poder dar por vencido a la mitad de la carrera, porque el camino recorrido ha sido tanto que tienes que terminar y dar lo mejor de ti. Esos maratones, esos retos que se te presentan en la vida, tienen dos caminos. Darse por vencido, o terminar la carrera. Tú y solo tú, puedes decidir qué vas a hacer con esa carrera. Pero, ¿te digo algo? El problema principal no está en la decisión que tomas en la carrera, el problema está en la preparación que le dedicaste para poder enfrentar la carrera. Si tu cuerpo es capaz de terminar la carrera, ¡no vas a dudar terminarla! Pero si tu cuerpo no llega al nivel, facilito vas a rendirte y caer.

Ahora te pregunto, ¿cuántas veces te has arrepentido por algo que hiciste el día anterior? ¿Cuántas veces te has decepcionado de un acto? Y lo peor de todo, ¿cuántas veces has culpado a Dios por tus tropiezos y debilidades? ¡Noticia de último minuto! “No soy yo, eres tú” – Dios.

Dios ha hecho todo lo posible porque seas feliz, si cometiste algún error, la culpa cae en ti, no en Él. “Yo no hice nada malo, pero la tentación me ganó”. Entonces forja tu voluntad, sé firme en tu creer, en tu actuar, en tu pensar. Si Dios está en tu equipo, no habrá nada que te pueda ganar. Claro, es diferente que Dios esté en la banca, a que esté en el 11 titular, y sea el capitán. No basta con tenerlo en el equipo, Él tiene que ser la estrella. Si quieres ganar el partido contra el pecado tienes que entrenar, entrenar como un maratonista. La tentación va a ser más grande de lo que tú te puedas imaginar, el esfuerzo que necesitas para combatir la tentación va a ser algo con lo que nunca te has enfrentado. ¡Prepárate! ¿Cómo? Con el sacrificio. Como el H. Alejandro de la Garza L.C. nos expuso en un retiro una vez, “el sacrificio forja al hombre”. Si no le puedes decir que no a una rebanada de pastel, menos le vas a poder decir que no a esa persona que te invita a pecar en algo mayor. Si no le puedes decir que no a “5 minutos más”, menos le vas a poder negar a tu amigo una copa más cuando ya fue suficiente. Si no le puedes decir que sí a un baño de agua helada, no le podrás decir que sí a Cristo cuando te pida que lo sigas ante cualquier tentación.

Ponle nombre. Nombra esa tentación que más te cuesta, que ya sabes que siempre caes, que cuando te vas a confesar, siempre le dices lo mismo al Padre. Si quieres combatir esa tentación, necesitas empezar con cosas chicas, necesitas entrenarte para esa carrera decisiva en tu vida.

“Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios en la humillación.” Eclo 2:5

Las relaciones humanas tienen 3 pasos. Conocerse, aceptarse y superarse. No puedes empezar un noviazgo si no conoces los defectos y las virtudes de tu futura pareja, si no conoces como es en las buenas y en las malas. Tienes que conocer en qué falla, para poder aceptar sus errores y superarlos. Si no los conoces, no puedes dar los siguientes pasos. Así como actuamos hacia los demás, debemos antes, actuar hacia nosotros. ¡Conócete! ¡Acéptate! ¡Supérate!

Conoce con qué tentación batallas más. Conoce que es lo que más te cuesta dejar atrás.

Acepta que Dios te hizo así por una razón, que tus defectos y tus virtudes son parte de ti.

Supera tus defectos, combate tus debilidades con el sacrificio y potencia tus virtudes.

Proponte un sacrificio en un tiempo determinado, empieza poco a poco, pero no te estanques, siempre avanzando, siempre mejor. Levántate a la primera, ayuna, abstente de algún placer, báñate con agua fría, sacrifica las cervezas de un fin de semana, ¡supérate! No vivas esclavo del pecado, pues Dios nos hizo libres, no lo contradigamos dándole nuestra libertad al pecado y vivir amarrados a él. Corre la carrera de la vida de Su mano y verás Su grandeza.

“El que es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho.” – Lc 16:10

Diego Treviño
Diego Treviño

22 años, estudiante, mexicano y regio de corazón. Orgulloso ex colaborador con ganas de transformar el mundo de la mano de Dios. Rema mar adentro y verás. No preguntes, sólo rema…

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.