El paliacate de la vida

El paliacate de la vida

Uno de los problemas de los jóvenes es que siempre estamos en duda de cuál es nuestra misión en la vida o cómo queremos trascender en el mundo, y hasta llegamos a pensar qué quiere Dios de cada uno de nosotros. Pasamos tanto tiempo tratando de descifrar nuestro futuro que se nos olvida cumplir con nuestra tarea y en verdad disfrutar la vida.

En los Hechos de los Apóstoles, Pablo y Bernabé nos dejan la misión bien clara.

Ellos nos explican, “Así nos lo ha mandado el Señor: ‘Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.’”

Que fácil es ser misionero con el paliacate bien puesto, un par de jeans que cada vez aprietan más, una camiseta con nuestra morenita en el corazón y unos tenis que parece que están a punto de romper. ¿Pero, qué pasa cuando llegamos de regreso a nuestras ciudades y ya no tenemos que usar el uniforme? ¿Qué pasa cuando cambiamos a esa gente dispuesta a escuchar por amigos que parecen tener oídos sordos?

Regresamos a nuestra vida ordinaria y ese sentimiento que tenemos el Domingo de Resurrección, que crees que el corazón va a explotar de amor, va desapareciendo poco a poco. El problema es que muchas veces confundimos nuestra fe con sentimiento. Alguna vez un buen amigo me dijo “perseveramos no por sentimiento, sino por convicción.” No me cabe duda que a Su lado están las sonrisas ilógicas, la paz inexplicable y el amor inagotable; a pesar de ello, no creemos en Dios por los sentimientos que nos da, sino por que estamos convencidos de que Él es el camino, la verdad y la vida.

La emoción de predicar la palabra de Dios a los que no lo conocen es algo increíble que nos hace sentir una felicidad plena. Sin embargo, nuestra misión no se acaba en el momento que dejamos el pueblo que nos tocó. El ser misionero es predicar incluso cuando no nos estén pidiendo hablar de Él, incluso cuando no tengamos nuestro paliacate puesto. Nuestra verdadera tarea es ser esa luz que inspire a los demás a preguntar por Él. Dios nos pide que salgamos y seamos la luz del mundo pero que lo llevemos a nuestro lado. El mejor legado que puedes dejar es que en cada abrazo que des o en cada sonrisa que regales lo encuentren a Él.

Es increíble el amor que se recibe esta semana, no solamente de parte del pueblo sino que también de parte de cada uno de los misioneros.; ya sean los mismos miembros del equipo o los que estaban a lado en la Megamisa, se siente un amor pleno ya que se reconoce a Dios mismo dentro de cada uno de nosotros y nos aceptamos como hermanos.

Juan 13:35 nos dice: “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.”

Así pues, la manera de continuar con la misión es sencillamente poniendo el corazón en todo lo que hacemos, Amándolo siempre, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón; y siempre cuidando que no se apague esa luz que brilla solamente por y para Él.

 

Elsa María Kalifa
Elsa María Kalifa

Soy regia, soy creativa, soy feliz, soy misionera, soy cariñosa, soy apasionada, soy Su guerrera; soy Sus manos, pies, ojos, boca y corazón, soy toda Suya. #SoyRC

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