El miedo al amor

El miedo al amor

El amor, un tema bastante amplio para abarcar, muchos dirían que tal vez jamás se para de hablar sobre el amor. Pero la verdad es que nunca descubrimos, entendemos y analizamos qué es el amor. Para mí, personalmente, este tema es de gran conflicto porque como lo veo está dividido en tres: para mí, para ti y para Dios.

El más conflictivo es el para mí, porque me ha costado mucho aprender a amarme, y esto es por mil cuestiones diferentes. Sin embargo, la primera razón para que me cueste tanto amarme es porque el mundo me ha enseñado a no aceptarme, a no ser feliz con lo que tengo, a no ser capaz de mirarme al espejo y decirme lo linda que soy y sobre todo no ser quien realmente soy. Amarme a mí misma es uno de los actos de valentía más grandes que decido tomar cada día en la mañana, pase lo que pase, todos los días me levanto de mi cama, me miro al espejo de mi cuarto y me digo en voz alta que hoy decido amarme. Lo malo es que, a lo largo del día, voy perdiendo la confianza en mí; tal vez porque no me fue bien en un examen o tal vez porque me miré al espejo y pensé solo por un momento que no me veo tan bien como creía que lucía esta mañana antes de salir de mi casa. Darme cuenta que el amor hacia mí misma disminuye, me cuesta mucho, pero cuando logro darme cuenta de que esto está pasando, acudo a quien me ama sí o sí, acudo a Dios.

Aquí entra el otro tipo de amor, un amor entre Dios y yo. Cuando soy incapaz de amarme a mí misma, voy a donde Él que me ama incondicionalmente y le ruego, le suplico que me diga y me explique cómo lo hace. Empezamos a hablar y después de varios minutos me recuerda mil razones por las cuales debo amarme a mí misma. El amor con Dios también me cuesta mucho. No me cuesta amarlo, ni tener detalles de amor con Él, soy feliz hablándole todos los días y visitándolo cada vez que puedo. La línea de amor de mí para Él está según lo que yo creo, muy bien, porque de corazón te digo que Él es mi gran amor, mi problema es el entender que Él siempre me ha amado y que siempre me amará. Este dilema surge gracias al pecado, porque mi relación con Él a veces no es en vía directa y sin interferencias, el pecado me ha hecho creer que mis actos son lo peor que le puede pasar a la humanidad, siendo así ¿cómo es posible que mi gran amor después de que lo he ofendido mil veces y más, me sigue amando? A lo largo de mi relación con Él discutimos varias veces este punto y llegamos a la mejor conclusión de todas y es que me ama por el simple hecho de que soy su hija y es por esta razón que en Jeremías 3:31 dice: Desde lejos el SEÑOR se le apareciódiciendo: Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con Misericordia. Porque en mí, Él ve las ganas de amarme a través de su misericordia, ve cómo enamorarme a través del daño que me haya yo podido causar a mí misma, porque si algo siempre me han dicho es que Dios odia el pecado, pero ama al pecador. Entonces entendí que Dios me ama, porque quiere, porque eso lo hace feliz, y porque lo hace de una manera desbordada, no como nosotros que como decía San Francisco de Sales “No tenemos el amor que necesitamos para amar a Dios como Él se lo merece”. Aun así, lo intento cada día.

Por último, está el amor para ti, cuando digo para ti no lo leas en primera persona, entiende este “para ti” como el amor que tú le das a los demás y el amor que recibes de ellos. Yo he descubierto que una gran forma de amar a los demás para mí, es a través del servicio, de estar ahí cuando me necesiten, de ser una amiga a quien puedan buscar para hablar y una amiga que sabe escuchar, no son actos heroicos, es simplemente estar ahí presencialmente con todos los sentidos para una persona que necesita de ti. No suena difícil ¿verdad? Pero esa es la primera capa del amor para los demás, esa es la capa en dónde los sentimientos no juegan un gran papel y la entrega por amor en quien lleva las riendas. La otra capa es cuando es el amor como tal es el que lleva las riendas, esta capa la puedes ver en una relación amorosa. Porque en una relación amorosa, el amor está ahí expuesto a la espera de recibir un amor igual, este es el amor que más miedo me da. Es un amor que me trae muchas inseguridades, porque es un amor que no depende de mí, y no es un amor de un ser incondicional que a pesar de todos mis errores siempre me va a amar. Es un amor en el cual yo me encuentro expuesta y no es hasta que llegue otro amor igual al mío que este miedo va a desaparecer. La verdad es que no sé a qué le tengo más miedo: a que llegue un amor igual de grande al mío o a que no llegue, porque en ambos casos no tengo ni la más mínima idea de que es lo que debo hacer. Esta falta de saber qué hacer ante estas situaciones se debe a muchas cosas, a que el mundo me ha dicho cómo actuar cuando lo encuentro (y la verdad es que no me gusta lo que el mundo me dice que haga), a mi afán por controlar las cosas y mi poca paciencia para entender que estas situaciones no dependen de que yo tenga el control sobre el amor, a mi autoestima y a mil factores más que generan un miedo inmenso en esta capa del amor.

Sin embargo, hay maneras de controlar este miedo. La primera es el amor a mí misma, la confianza de saber que valgo la pena y que sí soy lo suficientemente valiosa para alguien. La segunda es el amor de Dios hacía mí y mi amor hacía Él, porque en este amor de los dos, aprendo el verdadero significado del amor y sé un poco por dónde empezar a buscar dado que conozco el verdadero significado del amor: incondicional y sin medida.

Al final, es solo darnos cuenta que el amor es una palabra común en nuestro vocabulario, pero el significado es mucho más profundo que la misma palabra.

“Las cosas que amamos nos dicen quiénes somos”- Santo Tomás de Aquino

Natalia Bonnet
Natalia Bonnet

Soy una persona extremadamente alegre, disfruto mucho compartir tiempo con mi familia y mis amigos. Me encanta bailar y leer. Estoy 100% enamorada de Cristo y me enamoró aún más de Él todos los días. Soy fan #1 de María intentando seguir sus pasos tanto como me sea posible. Estoy en el proceso de convertirme en la persona con la que un día Dios soñó. "Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera." -Anonimo

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