El gran vacío

El gran vacío

Tengo una vida, que bajo los estándares de la sociedad actual, es una vida perfecta. Tengo amigas y amigos con los que salgo y me divierto, tengo un trabajo estable, o estoy en una buena universidad estudiando lo que me gusta, tengo una familia que me quiere, a veces salgo de paseo o me voy de vacaciones… Y, sin embargo, hay algo dentro de mí que se siente incompleto.

Creo que a todos nos ha pasado; que a pesar de que todo esté marchando bien, hay un sentimiento en el fondo de nuestro corazón que nos hace sentir que a nuestra vida le está haciendo falta algo más. Todos hemos experimentado, a lo largo de nuestras vidas, ese sentimiento de que “nos falta algo”. Ese sentimiento que nos lleva a ver que aunque todo nos esté saliendo bien en el trabajo o en estudio, aunque nuestras relaciones interpersonales estén muy bien, nuestra vida sigue estando incompleta.

Y esto pasa porque todos, por la forma en la que fuimos creados, tenemos un vacío en nuestras vidas, y lo intentamos llenar de diferentes maneras equivocadas. Algunos con el éxito en el ámbito laboral, otros con relaciones interpersonales o amorosas tóxicas, otros con el alcohol, con la comida, con drogas, o de muchas otras formas más que sólo cubren temporalmente ese vacío, haciendo además que tarde o temprano, se agrande. Porque estas cosas con las que intentamos llenarlo, son las cosas que nos ha vendido el mundo para supuestamente ser integrales y felices, pero no podemos depositar nuestra felicidad en cosas temporales y mundanas, pues de esta forma no podrá llegar a ser una felicidad profunda, verdadera y eterna.

Este vacío que todos tenemos, se llena precisamente por Aquél que lo puso en nuestro corazón, es decir, se llena con Dios. Pero no siempre le permitimos llenarlo, porque dejarlo llenar por completo implica muchas cosas que nos sacan de nuestra comodidad, y eso, a primera vista, asusta. Dejar entrar a Dios implica reconocer que soy criatura, que fui creado por Un Ser superior, y por lo tanto, que no soy autosuficiente ni capaz de valerme por mí mismo. Y esto, a su vez, implica que no soy yo quien escogerá qué hago en mi vida, porque fui creado para una misión que es más grande que yo misma, y por ende debo seguir la voluntad de Aquél que conoce mi camino por la vida.

En el mundo de hoy, desde mi perspectiva, hay tres clases de personas: las que le han entregado su vida a Dios, las que desean hacerlo pero tienen mucho miedo, y las que ni siquiera han pensado en hacerlo. Estas tres personas no siempre están definidas en nuestra sociedad, porque nos es muy fácil tambalear entre estas tres. Dependiendo de lo que vaya a hacer y necesite día a día, me ubico en alguna de estas categorías y es ahí, justamente, donde nuestro vacío se disfraza. Porque no es justo ni para ti, ni para mi, y mucho menos para Dios, decidir en qué ámbitos de mi vida quiero que Él esté presente. Nuestra relación con Dios se basa en el amor y la confianza. ¿Acaso no quisieras que la persona que más amas en este mundo, y que más te ama a ti, esté contigo en todos los momentos de tu vida? Entonces ¿por qué a veces no lo incluimos en todos los momentos en los que debemos tomar una decisión?

Cuesta mucho, pero es en el momento en el que decidimos pararnos con armadura, capa y espada, y orgullosamente en la posición de entregarle la vida a Dios, donde por fin el vació que hemos experimentado en diferentes momentos de nuestras vidas, estará cubierto. Por el contrario, mientras estemos tambaleando entre las tres posiciones anteriores, lo único que hacemos es jugar a llenar y vaciar el vacío, que si bien puede sentirse de a ratos un poco más lleno, jamás estará completo.

Una de las definiciones que más me gusta sobre Dios, es que DIOS ES AMOR, y es precisamente ese amor el que nos llenará ese vació que hemos intentado llenar de diferentes maneras. Nos llenará porque somos hechos a imagen y semejanza de Él, esto quiere decir que dentro de ti y dentro de mi, está sí o sí, un hueco de Su tamaño. Pero que lastimosamente por el pecado disfrazado, y porque el mundo nos ofrece cosas que no necesariamente son malas o rechazables, confundimos o no entendemos inmediatamente que es Él lo que nos hace falta para llenarlo por completo.

Así que tómate tu tiempo para construir una verdadera relación con Dios, mira la cruz y míralo a Él, cuéntale qué te alegra y qué te entristece, ámalo y déjate amar y sobre todo, ten paciencia porque es TÚ relación con Él, y ésta es personal e intransferible. Permítele llegar a tu vida y transformarte a SU tiempo, porque vale la pena esperar a que sea Él quien llene tu vacío. Si no te convence, sólo mira cuánto tiempo ha esperado Dios por ti. Mantén siempre la mirada fija en la cruz, y te prometo que nunca te faltará nada.

Natalia Bonnet
Natalia Bonnet

Soy una persona extremadamente alegre, disfruto mucho compartir tiempo con mi familia y mis amigos. Me encanta bailar y leer. Estoy 100% enamorada de Cristo y me enamoró aún más de Él todos los días. Soy fan #1 de María intentando seguir sus pasos tanto como me sea posible. Estoy en el proceso de convertirme en la persona con la que un día Dios soñó. "Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera." -Anonimo

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.