El Efecto Herodes

El Efecto Herodes

Una de las grandes confusiones del ser humano es creer que el éxito de la vida se encuentra en el poder, el dinero y el placer. Herodes fue un rey que tenía esa confusión. Fue un tipo poderoso y rico, que tenía todo lo que deseaba en la vida, sobre todo si de placer se trataba. Pero hay algo en particular de su vida que me llama muchísimo la atención. En medio de su poder, riqueza y vida de placer, tuvo en su vida una fuerte curiosidad por saber quién era Jesús. Muchas historias llegaban a sus oídos: como que Jesús expulsaba demonios, caminaba sobre las aguas, enseñaba nuevas doctrinas, multiplicaba comida, curaba enfermos, etc.

Lucas 9, 7-9

Y esa curiosidad por fin fue saciada, pero quedó sumamente decepcionado. No era lo que esperaba ni lo que se imaginaba. En ese encuentro, que bien se puede ver en La Pasión de Mel Gibson, Herodes vio a un hombre flagelado, callado, débil y humillado. Con ganas le pedía que hiciera algo, algún tipo de magia o que lo sorprendiera con cualquier cosa. Pero ese mismo que más tarde resucitaría, solo guardaba silencio mientras Herodes lo miraba. En ese momento, Jesús pudo haber hecho cualquier cosa para que Herodes creyera en Él. Pudo haber creado algo de la nada, pudo haber pedido a un ejército de ángeles que se apareciera, pudo haberse transfigurado de nuevo…Pero no, su reacción fue el silencio. Y en ese silencio, en esa escena, hay una de las enseñanzas más grandes, para mí, de la relación entre Dios y el hombre y es a lo que le llamo el efecto Herodes. Cuando un alma está embadurnada de pecado, especialmente con la impureza y el orgullo, le queda casi imposible reconocer a Dios. Con esto, no quiero decir que un alma llena de pecado no pueda ver nunca a Dios. Porque siempre la misericordia es más grande que cualquier pecado o cualquier cantidad de ellos. Sin embargo, cuando alguien está inmerso en una vida guiada por el placer, le queda muy difícil reconocer a Dios.

Mateo 5, 8

Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios, y Herodes no pudo verlo.

En un sentido profundo, directa o indirectamente, todos los seres humanos tenemos, como Herodes, curiosidad de Dios. Tenemos muchas preguntas sin respuesta, muchos reclamos, dudas o simplemente esa curiosidad de saber qué tiene ese que cambia tantos corazones en el mundo. Por ello, es importante que nos preguntemos cómo se encuentra nuestra alma el día de hoy. Si hoy me encontrara con Jesús en el camino, ¿podría reconocerlo? O tal vez mi corazón no es lo suficientemente puro para ver y escuchar lo que hoy me quiere decir.

A Herodes le tocó su encuentro con Dios en un momento común de su vida: una fiesta con amigos, trago, comida y mujeres, un evento placentero al que tenía acostumbrado su cuerpo. Y en ese encuentro no pudo reconocer a ese que dejó enseñanzas que se repiten hoy, más de 2.000 años después de su muerte.

Por eso hoy te pregunto ¿se dará en ti el efecto Herodes?

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Armando Martínez Sierra

Soy el amor de la vida del amor de mi vida, Jesús. Además de eso, soy Comunicador Social con una especialización en Marketing Político lo cual me ha confirmado que la solución a cualquier conflicto comienza y se basa en la misericordia. Tenista desde pequeño y apasionado por el fútbol. Si me invitan a comer, porfa que sea hamburguesa.

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