El camino a la cima

El camino a la cima

Señor, hace ya un año que me diste la oportunidad de estar en la Convención Internacional de Search. Fue ahí donde descubrí que me has llamado a la Santidad. Pero más que descubrir, porque todos estamos llamados a ser santos, me enseñaste que la santidad no está reservada para los teólogos o para los mártires. Que puedo ser santo en mi casa, en el salón de clases e incluso en el antro.

Hoy lo veo Señor, un año después, como si estuviera subiendo la montaña más grande del mundo, cuya cima es el cielo, a tu lado. Cada metro que subo, implica cansancio, coraje y desesperación. Llegan tentaciones que me hacen dudar, el demonio quiere que me rinda, que renuncie. Me engaña y me desvía, por lo que en vez de subir, empiezo a bajar. Pero siempre has estado ahí, para echarme una cuerda y regresarme al camino correcto. Gracias Señor, por no olvidarte de mí y salvarme.

Cada paso que doy me llena de felicidad, porque estoy más cerca de ti. Me da seguridad estar mejor que ayer. La sensación de llegar a una de las cumbres es una probadita de lo que me espera en la cima. Gracias por permitirme probar el cielo. También te pido Señor, que me des la humildad necesaria, para no quedarme estancado. No por haber llegado hasta aquí tengo mayor privilegio, al contrario, quiero ser instrumento tuyo para enseñarle el camino a los demás.

Llevo una cruz en el cuello, es mi fortaleza. Mi alimento es la Eucaristía. Tu Palabra es aquel mapa que marca la ruta. La oración es mi línea directa a Ti, para pedir ayuda e instrucciones. Traigo un rosario que me permite tomar atajos. Sin éstas cosas no hubiera logrado siquiera dar el primer paso. Gracias por regalarme las herramientas necesarias para el camino.

El camino no es fácil, es por eso que no me dejas ir solo. Gracias por juntarme con tan gran equipo, tan necesario para completar la misión. Hasta adelante nos va guiando un sacerdote, nos conoce bien a todos y sabe cual es la manera correcta para subir la montaña. Hasta atrás viene otro sacerdote, esperando a los que se empiezan a quedar atrás, para confesarlos y que recarguen las pilas para continuar. Tu misericordia me llena de felicidad y me da fuerzas para continuar. Los demás venimos en medio de ellos y la oración es lo que nos mantiene unidos. Cuando uno cae, entre todos lo ayudamos a levantarse. Nadie se queda atrás. Gracias María por acompañarnos siempre, protegiéndonos contra el mal tiempo y los obstáculos.

En el camino nos hemos encontrado con más gente. Algunos que se han perdido y no saben como continuar. Otros nos alcanzan, nos iluminan con su gran corazón y nos dan esperanzas para seguir subiendo. Gracias Señor por ponerlos en nuestro camino, porque así mi familia se va volviendo más grande. Gracias Señor por todo lo que me has otorgado en el camino. Soy tan pequeño comparado con semejante montaña, que los demás me ven como un loco, pero Tú me has dado todo lo necesario para lograrlo.

Ahora ha llegado la Navidad, y me he dado cuenta, Jesús, que siempre he comprado regalos para los intercambios y se me ha olvidado darte uno a Ti. Perdóname por haberme olvidado de Ti, pero te quiero compensar. Esta Navidad te quiero regalar aquello que me falta para dar el siguiente paso para escalar ésta montaña. Ése último esfuerzo para vencer la lucha en la que me encuentro ahora mismo, para poder pasar a la siguiente etapa. Renuncio a ese pecado que tanto me gusta pero que me impide avanzar, porque te amo más a Ti.

Feliz cumpleaños Jesús.

Rodrigo Reyes Aspe
Rodrigo Reyes Aspe

Tengo 20 años, estudio Dirección Financiera en la Ciudad de México y me apasiona la NFL. Soy fánatico de los karaokes y puedo volverme loco con Game of Thrones. Mi parte favorita de mi relación con Dios es cuando paso tiempo con Él en la Hora Santa y me deja ver lo Grande que És cuando actúa en mi Vida.

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