El bully interior

El bully interior

Cuántas veces en la vida espiritual nos desalentamos y creemos que nunca llegaremos a ser santos, o tenemos una gran idea de un proyecto o apostolado, pero nunca lo comenzamos porque nos vemos paralizados por los muchos defectos que poseemos. Creo que muchas veces las películas y biografías de santos no ayudan en este punto: muestran a los santos como seres perfectos, idealizados, que nunca estaban cansados, nunca estaban de mal humor, siempre estaban sonriendo, no tenían rencores con nadie, nunca pecaban, no había nadie que les cayera mal, ni a quienes les cayeran mal; muy pocas biografías de verdad muestran los momentos de oscuridad que tuvieron los santos.

Entonces nos desanimamos e inventamos mil excusas para postergar nuestro apostolado o nuestro progreso espiritual: “Lo haría… si no fuera tan torpe… si fuera más inteligente… si fuera más apuesto… es que no fui hecho para esto… es que tengo un pasado de pecador… es que no tengo esas habilidades de liderazgo… es que soy tartamudo y no sé hablar en público… es que todo fue culpa de cómo me criaron y educaron…”. Y aunque voluntariamente queramos ignorar esta voz y dejar de formular excusas, pareciera como si tuviéramos una voz dentro de nosotros, que resalta y nos echa en cara constantemente todas nuestras miserias, imperfecciones, debilidades; pareciera como si tuviéramos un bully interior, una tentación a darnos por vencidos, que proviene de nuestra inseguridad y falta de confianza en Dios.

         Cuando la Madre Angélica, fundadora de EWTN, se dio cuenta de esto, siendo una joven monja, se desalentó mucho. En las historias de santos que había leído parecía como si la santidad fuera un privilegio para una élite escogida por Dios: personas con visiones y estigmas, que hablaban con la Virgen desde que eran niños, que realizaban ayunos y sacrificios increíbles, que parecía que eran un tipo de superhombres que habían nacido santos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que en realidad Dios escoge a gente ordinaria, como tú y yo, con vicios, debilidades e imperfecciones, para hacer grandes cosas.

“Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús. (…) Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41).

Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. (…) Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. El testimonio de fe que todo cristiano está llamado a ofrecer implica decir como san Pablo: «No es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera […] y me lanzo a lo que está por delante» (Flp 3,12-13).”

–Papa Francisco, Evangelii Gaudium 120-121

La Madre Angélica, con un presupuesto de USD 200$ comenzó a transmitir el canal de EWTN desde el garaje de su convento. Aunque no tenía mucha formación académica y fue criticada como “medieval” en aquella época de liberalismo dentro de la Iglesia, su confianza en la Providencia fue mayor que todas las adversidades y logró sacar adelante lo que hoy en día es el canal de televisión católico más grande del mundo, llegando a más de 250 millones de hogares en 140 países en 2015. El 11 de septiembre de 2001, la Madre Angélica sufrió un ACV (accidente cerebrovascular), y sin embargo, con un parche en el ojo, mitad de la cara paralizada, y dificultades para hablar, en dos semanas se reincorporó y siguió grabando su programa dos veces a la semana. Pudo haber alegado que no tenía las fuerzas, o que se vería ridícula transmitiendo con un parche en el ojo, pero en cambio pensó: “Dios tiene un amor especial por aquellos que están dispuestos a hacer el ridículo por su amor, por aquellos que tienen el coraje de saltar hacia adelante a todo vapor cuando se trata de servirle”. Así siguió dando testimonio hasta Nochebuena del mismo año, cuando sufrió otro ACV con parálisis en la mitad de su cuerpo y con incapacidad para hablar. Después de una vida de intensa actividad, ni esta discapacidad que la dejaba impotente pudo socavar su confianza en Dios y en los grandes planes que Él tenía para ella, y así pasó los últimos 15 años de su vida orando y ofreciendo su sufrimiento.

Un punto clave en la vida apostólica de la Madre Angélica era su confianza en que si Dios te da una misión, también te dará todas las gracias para poder llevarla a cabo, y en que Dios quiere que todos lleguemos a ser santos, sólo debemos dejarnos llevar por Él con confianza y humildad. El reconocimiento de nuestras miserias y errores es necesario para ser humildes y comprender lo mucho que dependemos de Dios, pero el hecho de que aún poseamos muchos defectos no debe desesperarnos. Tampoco debemos caer en la falsa humildad de no querer hacer cosas grandes por “ser humilde” o por no creernos capaces, ya que ésta es sólo una forma muy sutil de egoísmo, que tiene su raíz en el miedo al fracaso, y es exactamente el efecto paralizante y desalentador que quiere lograr el bully interior. Fracasaremos, sí, y caeremos muchas veces en el camino, pero Dios ya lo sabe, y aun así nos llama a la santidad. Si Dios nos tiene paciencia, ¿por qué nosotros hemos de estar más desesperados que Él? Todos podemos llegar a ser santos, pero esta firme confianza no se debe basar en nuestras cualidades, sino en la gracia de Dios, que nos irá transformando poco a poco, formándonos en el camino.

El primer paso para vencer a este bully interior es reconocerlo, y no identificarnos con él, no abrirle el paso para que pueda alterar nuestras acciones y nuestro estado de ánimo en el día a día, reconocer sus tácticas, ver cómo nos disuade de hacer cosas grandes justo cuando estamos a punto de hacerlas. El segundo paso es saber que, como todo bully, es un espíritu infantil tratando de llamar la atención, por lo cual lo que debes hacer es ignorarlo y él solo se morirá de hambre. Por último, debes darte cuenta de que podrás lograr ignorar a este bully y obrar siempre con libertad de corazón, pero muchas veces Dios permitirá que el bully se quede contigo durante mucho tiempo, en algunos casos por toda tu vida. Es lo que San Pablo llama un “aguijón en la carne”, “un mensajero de Satanás que me abofetee” que Dios había permitido que lo acompañara en su vida, para que fuera humilde y no se ensalzara por los grandes dones que había recibido, y para que entendiera que “mi gracia te basta, porque mi poder se muestra en la debilidad” (2 Cor 12,7-10). Muchos santos han experimentado este aguijón como una enfermedad, o una cierta tendencia desordenada, una propensión a ser iracundos, o tímidos, o depresivos, o cualquier defecto contra el cual constantemente tuvieron que luchar en secreto para probar su fidelidad y crecer en el amor de Dios. Sólo debemos recordar que ningún defecto podrá separarnos del amor de Dios (Rom 8,39) y que si un bully trata de hacerte caer, es porque éste ya está debajo de ti.

“No tengo miedo de fracasar, porque siempre he aprendido algo nuevo cuando he fracasado. De lo que sí tengo mucho miedo es de morir y que el Señor me diga ‘Angélica, esto es lo que pudiste haber hecho, si hubieras confiado un poco más en mí’”.

–Madre Angélica de la Anunciación, 1923-2016.

Samuel Saad
Samuel Saad

De Caracas, Venezuela con orgullo. Excolaborador del Regnum Christi 2015-2016. Estudiante de medicina en la Universidad Anáhuac. “Jesus promised his disciples three things – that they would be completely fearless, absurdly happy, and in constant trouble” –G.K. Chesterton

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