No crecí en la casa católica que muchos tenían, yo crecí en una casa atea que afirmaba que Dios no existe. Viví mucho tiempo deseando poder llenar cada vacío que la vida me dejó, sentirme amada y vista por algún hombre o sólo poder tener paz aunque fueran unos segundos… nunca imaginé que dando un sí podría ver, abrazar y escuchar a Dios con tan solo 3 días. Nunca me había sentido tan viva como cuando viví ese retiro… el retiro me cambió la forma de ver la vida y de ver mi vida! Porque por fin me di cuenta que Dios siempre estuvo presente cuando creía que luchaba sola, por fin me sentí amada, por fin me sentí vista, por fin podía respirar y por fin pude tener paz, pude conocer a ese Dios del que mucho tiempo me hablaron y no sabía que me estaba buscando