Fue un cambio 360 para mí vida. Puedo resumirlo en qué salí con la certeza de que Dios es real, cercano y me amaba más que nadie. Empecé a cambiar mi vida personal y espiritual. Al año siguiente serví en el retiro como fotógrafa. Mi conversión era reciente, llevaba menos de 1 año, por lo que no entendía muchas cosas de la fe y la iglesia, entre esas el santísimo. Como servidora tenía mi turno de acompañarlo, pero no entendía si Jesús verdaderamente estaba allí o como era posible. Yo me hacía en las bancas de atrás y solo «porque si» le tomé una foto, recuerdo sentirme muy rara, incluso incómoda, como si estuviera invadiendo la privacidad de alguien más. Este año revise la foto que le tomé al santísimo y ví que tiene sangre (en persona no se veía así claro), fue un milagro eucaristíco, dónde Jesús respondió mi duda y me confirmo su presencia real allí