“Dios se volvió loco”

“Dios se volvió loco”

Imagínense a un padre o una madre corriendo detrás de su hijo gritándole:“¡Cuidado hijo, no hagas eso!”, y que el hijo, en su decisión, simplemente no hace caso y realiza esa acción que no era la mejor para aquel momento.  Para mí, esa acción es el pecado, y el padre o madre corriendo es el mismo Dios detrás de nosotros gritando: “Ven a mi, ven hacia mi”, pero uno simplemente se hace el sordo. Por esto, considero que el pecado es una clara desobediencia hacia Él.

 

 

A veces se nos olvida que Dios nos puso un manual de instrucciones para poder vivir felices y de la mejor manera. Él fue nuestro fabricante y como todo fabricante sabe cual es el mejor uso y funcionamiento de lo que creó. Este manual es necesario, y si todos le hiciéramos caso no habrían tantas mentiras, crímenes, violencias, corrupciones, etc. y la lista que continúa.

 

 

La definición que San Agustín le daba al pecado era “todo acto, palabra o deseo contra la ley de Dios”. El que peca podría fácilmente decir que nada le va a pasar, pero es claro que una persona que peca va perdiendo poco a poco esa gracia o esa posibilidad de vivir eternamente en gloria con Dios. Además, es cierto que el que peca puede no ver cambios físicos o externos, pero realmente en su interior se lo está carcomiendo la inseguridad, insensibilidad, desobediencia y la tristeza; todos estos sentimientos le están ganando una batalla a su alma. Inclusive, con el pasar del tiempo, podríamos llegar a estar “muertos en vida”.

 

 

Sin embargo, Dios se ha vuelto tan demente por amarme – desde el momento que me creó, desde el primer segundo que me pensó, se volvió loco enamorándose de mí, y más loco aún cuando deseó compartir conmigo el don de vivir. Dios me garantiza una felicidad eterna y verdadera, no una felicidad pasajera basada en materialismo o superficialidades. Y yo, a veces, a esa locura le respondo pecando contra mi cuerpo, contra los demás, con palabras o pensamientos, o con malos pasos.

 

 

Lo único que debo hacer para gozar y disfrutar de todo lo que Él me quiere dar es abrirme hacia sus manos, dejarme refugiar en su gracia, dejar que infunda en mi corazón su misericordia y pedirle al Espíritu Santo guía y discernimiento de qué es lo mejor para mí. Para yo poder tener esa gracia y felicidad eterna, lo único que debo hacer es obedecerle.

 

 

Su locura llegó hasta el punto de tener que hacerse hombre, de carne y hueso (como yo y como vos) y morir en una cruz. ¡Tan loco que me amó más que a Él mismo! Tan loco que nos dio las respuestas antes del juicio final- en la Biblia encontramos todo lo que necesitamos. ¿Qué profesor loco nos daría las respuestas de un examen? Por todo esto, yo quiero ser ese ingeniero loco por Jesús. Ese mecánico loco que quiere dar todo por Él. Ese abogado loco por hacer obras buenas. Ese doctor loco que vela por la salud de los demás. Ese sacerdote loco por llevar más almas al cielo. Ese estudiante loco que le demuestra a la juventud que no tengo que ser un adulto para ir a la Iglesia y comulgar.

 

 

¿ Y vos, qué tan loco estás por Cristo?

 

 

“Aunque hable todas las lenguas humanas y angélicas, si no tengo amor, soy un metal estridente o un platillo estruendoso. Aunque reparta todos mis bienes y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve” 1 Corintios 13, 1-3.

 

 

“El Espíritu es el que da la vida” Juan 6, 33

Fabian Ortiz
Fabian Ortiz

Soy costarricense haciendo de mi vida una aventura. Motivo, escucho y ayudo. Soy médico; y al servicio de Dios, dando fe que Él es sanador por excelencia. Tengo ganas de afrontar nuevos retos y desafíos. Siempre con ganas y dispuesto a dar todo de mi. Si alguna vez me ven por ahí, salúdenme no estoy enojado.

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