Cristo de bolsillo

Cristo de bolsillo

Ha pasado ya bastante tiempo desde que se me ocurrió escribir este artículo, pero cada vez que me lo proponía, algo salía al aire y me impedía hacerlo. Y esta misma nostalgia de no poder cumplir con la meta propuesta por tener tantas cosas por hacer, me ha hecho hacerme una pregunta que estoy seguro muchos de ustedes también se la han hecho: ¿Cómo puedo estar cerca de Cristo en un mundo con tantos compromisos y preocupaciones?

 

Los jóvenes de hoy, en su mayoría, nos caracterizamos por ser personas que siempre deben estar haciendo algo. Este algo no siempre es productivo, pero sin duda siempre tenemos que estar haciendo algo y a menudo podemos recordar esos amigos que siempre nos dicen que “hay demasiadas cosas que hacer”. Hablo desde lo más cotidiano como ir a la universidad, ir al trabajo, hacer mis tareas, estudiar para exámenes, ir a entrenar, ir a rumbear, visitar a mis amigos, jugar Fifa, ir a tomarme algo; hasta lo que nos parece extraordinario como un apostolado, visitar a mis abuelos, viajar, darse gustos, conocer el país, etc.

 

Han sido varios los momentos en mi vida que lleno de ocupaciones me ha resonado fuertemente esa pregunta en mi interior. Me acuerdo específicamente una etapa en la que iba a estudiar en la mañana, luego trabajaba en las tardes, en las noches iba a mi entrenamiento y así día tras día inmerso en esta rutina que prácticamente no me dejaba espacio para Dios ni Sus obras, más que la misa dominical. No sé cuántos hayan pasado por esto o cuántos hoy lo están haciendo. Algunos porque estamos empezando la universidad (y hay muchos cambios), otros porque estamos en la etapa más dura de la carrera, otros porque estamos empezando a construir nuestra vida profesional, otros porque estamos por casarnos, otros porque hay que cuidar de los hijos, en fin; siempre hay algo que nos hace resonar esta pregunta en nuestro interior.

 

Pero fue en ese entonces que entendí que algo tenía que cambiar. Que llevar una vida espiritual, inmersa en todas nuestras responsabilidades, no significaba estar metido en la iglesia las 24 horas del día, tampoco rezar rosarios en todo momento o estar con los más necesitados todos los días. Si no que, a lo que Dios me llamaba es a andar siempre con un Cristo en el bolsillo. Un Cristo siempre presente que me recuerde que Él debe de estar presente haga lo que haga y esté donde esté.

 

Decía San Josemaría Escrivá: “Allí donde están vuestros hermanos, los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestros trabajos, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. Dios nos llama a servirle en y desde las tareas cotidianas”. Desde la universidad, en nuestras conversaciones con nuestros amigos, en el deporte, en almuerzo en familia, en el carro, en el trabajo, en el mercado, en las fiestas, convertir todas las actividades ordinarias no sólo en mis días, sino invitar a Cristo a ser el centro de ellas, siendo instrumento de Dios para dar a conocer y vivir Su amor. Dando siempre lo máximo que hay en mí por amor a Cristo, ¡Y esto me lo recuerda cada vez que siento a mi Crucifijo en el bolsillo!

 

Soy partidario que cada uno de nosotros nos convertiremos en aquello que celebramos. Y si en mi día a día, sólo celebro o hago todos aquellos compromisos cotidianos; sin celebrar y tener presente a Cristo en ellos, me terminaré convirtiendo en eso. A diferencia de una persona que vive con su Cristo en el bolsillo, que podrá hacer propio lo que dice San Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí” (Gal 2:20). Es aquí donde encontraremos el verdadero sentido de nuestra existencia, el sentido de nuestra felicidad y como no: ¡el sentido de ser cristianos!

 

Hace un tiempo me enteré que Gandhi leía el Nuevo Testamento todos los días y muchas veces citaba las Escrituras cristianas, y un reportero le preguntó que por qué no se había hecho cristiano. Él contestó: “si alguna vez hubiera conocido a un cristiano, me habría convertido”. Esto me hizo pensar muchísimo, que tan cierto es.

 

Nosotros los cristianos, hemos sido distraídos por la dulce seducción de los placeres y posesiones, ya sean títulos universitarios o prestigios, tantas cosas que nos hemos desviado de la senda estrecha. Sabemos la verdad, la necesidad real de Cristo en nuestra sociedad, pero carecemos de la disciplina y fuerza de carácter para alinear las acciones de nuestra vida con la verdad. Nos hemos entregado a miles de caprichos, antojos y fantasías. Nuestra vida se ha convertido en una mera distorsión de la verdad que conocemos y profesamos; hemos dividido nuestro corazón con miles de contradicciones y compromisos.

 

Anímate hoy a responder a ese sentimiento de gran necesidad de autenticidad, ese anhelo de ser, de convertirte y experimentar todo lo que eres capaz. Todo bien en el futuro para nosotros, nuestros matrimonios, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestra Iglesia, nuestra nación y en sí la humanidad, depende de que nosotros sigamos o no este anhelo. Depende de si queremos que Cristo nos acompañe siempre o solo cuando nos conviene o nos quede tiempo. Estoy seguro que, al vivir con un Cristo en el Bolsillo en tus tareas cotidianas, tu corazón te pedirá a gritos tiempo de oración, tiempo de formación, tiempo para el apostolado, en fín; te ayudará a entender la necesidad de tener a Cristo siempre cerca de tu vida y no apartarlo con todas las cosas que hay por hacer. ¡Anímate a hacer la prueba y vivir con un Cristo de bolsillo!

José Lam
José Lam

Estudio Ingeniería Industrial en la Universidad de Costa Rica, pero soy un venezolano “Pura Vida” (como dicen los ticos). No hay nada mejor que una pelota, cualquier deporte relacionado con esta lo juego y lo sigo, tan aficionado del fútbol que hasta digo que soy entrenador. Me gusta ayudar en lo que me apasiona, así me apasiona ayudar. Si algo me caracteriza, o al menos eso dicen de mí, es llevar a Cristo a donde sea que vaya y haga lo que haga. Es la mejor manera de servir y ser feliz. Mi sueño es llenar mi estadio antes de partir.

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