Amor… ¿y sufrimiento?

Amor… ¿y sufrimiento?

“No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los malos.” – San Agustín de Hipona

El amor es complejo y misterioso. Dicen que la persona que amamos se nos presenta como una obra mismísima del Creador; y no podría estar más de acuerdo. Al ver a nuestros padres o recordar momentos a su lado, sentimos una felicidad y nostalgia infinita porque -a pesar de sus imperfecciones- los amamos.

Si tengo que escoger una definición de amor sería la de querer siempre el mejor bien para el otro. Cuando deseamos la felicidad máxima para alguien con quien compartimos, lo estamos amando. Ese “bien mayor” es Dios. Es decir, amar es querer fervorosamente que el otro se encuentre con el Señor.

“Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama.” – San Agustín de Hipona

El amor es un sentimiento propio del espíritu humano, que se da por medio del amor de Dios. En él se desarrollan nuestras pasiones, gustos, e incluso, a través de su efecto, intentamos saciar la sed de felicidad que todos tenemos.

El término adecuado para referirnos a aquellas casualidades que nos hacen conocer a alguien y enamorarnos es el de “Providencia Divina”. Es interesante darnos cuenta de que nada es casualidad y todo pasa por algo.

La providencia es la soberanía, supervisión, intervención, y en fin, el conjunto de acciones activas de Dios en el socorro de los hombres. Si creemos en la existencia de un Espíritu Creador y que por ende, Él colocó en nosotros la conciencia y la búsqueda del bien, llegamos a la conclusión de que tiene poder infinito para decidir lo que sucede en el mundo que creó y en nosotros.

También podemos decir que Dios es bueno porque de lo contrario no nos hubiese dado la capacidad de elegir y conocer el bien y el mal; o mejor dicho, el don del discernimiento espiritual.

La razón más común que se utiliza para negar la existencia de Dios es preguntarse ¿por qué – si existe – permite el mal y el sufrimiento?

“Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, no ha comenzado a ser cristiano de verdad.” San Agustín de Hipona

La verdad es que el mal generado por los hombres, como por ejemplo, el terrorismo , es producto de la mala decisión de un ser humano. Dios nos creó con libre albedrío para poder elegir nuestras acciones.

Entonces, muchos se preguntan, pero ¿por qué lo permite?

Aquí recordamos nuevamente la “providencia”. Existen situaciones negativas que Dios permite en nuestras vidas con el objetivo de alcanzar un bien mayor que no podemos ver o percibir. A veces, es una lección o aprendizaje. Esto explica también las tragedias naturales. Él tiene un plan. Dios tiene una visión perfecta de todo el pasado, presente y futuro del mundo; porque Él lo creó.

El sufrimiento es real. Todos vamos a perder a algún amigo o familiar, a llorar y preguntarnos por qué la vida duele. Sin embargo ese es el sacrificio que realizamos como seres espirituales.

La diferencia entre ambos conceptos es que el sufrimiento lo sentimos cuando pasa algo malo; y el sacrificio es cuando elegimos hacer algo bueno con aquello. Podemos incluso ofrecer ese dolor por otra causa: “Dios, perdí a este ser querido, pero lo ofrezco por aquél amigo que está enfermo y necesita de ti.” ¡No tenemos que sufrir en vano!

Las peores cosas suceden, por eso hay que encontrarlas, sentirlas y dejar que te pasen. No hay razón para rechazar a un Dios que busca siempre el bien. Él está ahí, con nosotros.

“No le tengo miedo a ninguna cruz, porque sé que cuando venga, Tú también lo harás.” – P. Jean CJ d’Elbee

Dios es infinitamente poderoso y bueno, y por eso, podría compensar infinitamente cualquier tragedia humana con una eternidad feliz:  ¡el Cielo!

Ana Marturet
Ana Marturet

Soy católica, familiar y venezolana apasionada. Futura Comunicadora Social. Enamorada de las sonrisas y los buenos tratos. Lo mejor que me pudo haber pasado fue volver a encontrarme con Dios en el 2014. Seguidora de San Francisco de Asís, San Agustín de Hipona y devota fiel a la mujer más bondadosa: la Virgen María. Considero que lo más bonito que Jesús nos regaló es el perdón y la capacidad de amar.

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