5 Remedios contra la tibieza espiritual

5 Remedios contra la tibieza espiritual

Como hijos de Dios, muchas veces durante nuestro trajín del día a día, debemos detenernos y hacer una breve reflexión sobre nuestro compromiso con Dios. Tal y como un cáncer, que empieza de forma muy sigilosa a contaminar nuestro cuerpo, el ser tibios es una gran enfermedad para el alma que comienza de forma muy inocente pero que se puede convertir en nuestro peor enemigo.

“No mato, no robo, no hago nada malo; me comporto mejor que mucha gente, no dejo de ir a Misa los domingos”. “Si todo va tan bien, porque no puedo ceder un poco ante determinada tentación”. Estas son típicas frases que pueden pasar por nuestra mente y es aquí donde nos surge la duda de qué camino elegir: El de la santidad que fue el que Dios nos mostró a través de Cristo y nos lo muestra a diario en las Sagradas Escrituras, o irnos por el camino que nos ofrece la tibieza espiritual la cual nos engaña constantemente para fallarle a nuestro Padre.

Él mismo, nos define y nos muestra cual es el camino, nos indica cómo debemos de ser para estar a su lado. Es claro que en nuestra vida tenemos dos opciones, con Él o sin Él, pero no podemos estar con Él a ratos, en una relación y un compromiso a medias, ya que eso es una de las cosas que a Él más le desagradan.

En Apocalipsis 3,15-16: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

Que fuerte es leer eso y pensar que cuando no somos capaces de comprometernos completamente con Cristo, con ese camino de amor, ese camino del bien, ¡Él nos vomitará! Como católicos, eso es una seria llamada de atención y debería hacernos reflexionar sobre lo que estamos haciendo en este momento para así medir que tan tibios o no estamos siendo.

Como parte de esta reflexión sobre la tibieza: no podemos solo reflexionar, reconocernos como tibios en algunos momentos de nuestra vida y ya. Ocupamos de herramientas para que podamos luchar contra esos rasgos de tibieza que muchas veces tenemos.

Es por esto que hago mención a San Alfonso María de Ligorio cuando nos propone 5 remedios para alejar toda manifestación de tibieza de nuestra alma:

 1ero: Deseo de Santidad.

Nuestra santidad debe de ser nuestra mayor esperanza. Volcando todo nuestro ser, cuerpo, mente y alma hacia ello, lograremos mantener un objetivo claro en nuestra vida y de esta manera fomentar e impulsar todo lo que hagamos hacia esa dirección. Sin una dirección y objetivo claro, será muy fácil que durante el día a día perdamos el rumbo.

 2do: Firmeza

Una vez que tenemos nuestro objetivo claro, tiene que existir un compromiso definitivo para lograr caminar hacia ello y poder alcanzarlo. Requerimos de firmeza en nuestra decisión para poder mantenernos en ese camino del bien que tanto le agrada a Dios. Ésta firmeza debe de ser un compromiso diario, cada vez que despertemos debemos optar por ser lo más firmes y obedientes para cumplir con lo que nos acerque cada vez más al deseo de Santidad.

 3ro: Meditación

Los momentos de meditación son esenciales para poder alejarnos de toda la rutina y volver en cada momento de meditación a esclarecer cual es nuestro objetivo. Ya lo decía San Luis Gonzaga: “No habrá mucha perfección donde no haya mucha oración y mucha meditación”. Es casi una obligación sacar un tiempo de nuestro día a meditar, para esto podríamos hacer uso de material que nos facilite una guía durante la meditación, desde una lectura hasta una canción de alabanza, siempre teniendo claro que la mejor herramienta será la Biblia.

 4to: La comunión

San Basilio así lo dice: “Si te hincha el veneno del orgullo, toma este Sacramento, y el Pan Humilde, te hará humilde. Si la avaricia quiere apoderarse de ti, toma el Pan Celestial, el Pan Generoso te hará generoso. Si la brisa nociva de la envidia y del egoísmo sopla sobre ti, toma el Pan de los Ángeles, Él te comunicará el amor verdadero. Si te has entregado al exceso en la comida o en la bebida, toma el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ese Cuerpo que ha soportado tantas mortificaciones, seguramente te irá llevando a la moderación y a la mortificación. Si te ataca la pereza y te vuelve sin ánimos para el bien, de manera que ya no te gusta rezar ni sientes fuertes deseos de hacer obras buenas, fortalécete con el Cuerpo de Cristo, él te llenará de entusiasmo y de fervor. Finalmente, si sientes fuerte inclinación a la impureza, entonces, y especialmente entonces, toma el Cuerpo Santísimo de Cristo, y ese Cuerpo, el más perfectamente puro que ha existido, te irá llevando hacia la pureza y castidad”.

Asistir al Sacramento de la Eucaristía a diario y el estar en gracia nos dará la posibilidad de poder recibir la comunión todos los días y así tener ese “Pan de cada Día” en nosotros como propulsor para alcanzar la Santidad.

 5to: Oración

Es el remedio más importante de todos, ya que es el que nos mantiene en una estrecha comunicación con Cristo, en donde pedimos y el nos contesta, en donde le agradecemos y el nos impulsa a seguir. Ya lo dice San Agustín: “Si por tu parte no falta la oración, puedes tener por cierto que por parte de Dios no faltarán las generosas ayudas”. Pero debemos de tener en cuenta una cosa muy importante de nuestra oración, nos lo dice San Juan de la Cruz: “De Dios se alcanza, cuanto con ferviente oración se espera conseguir de El, si conviene para nuestra alma”

Ya que tenemos estos 5 remedios para luchar contra nuestra tibieza y para mantenernos comprometidos con ser fieles apóstoles de Dios y servidores suyos en la tierra, no nos queda más que tomar ese camino con firmeza y seguridad de que solo por medio de Él, alcanzaremos la verdadera felicidad y el objetivo de nuestra Santidad.

“El santo no es ni tibio, ni mediocre” San Juan Pablo II

Ignacio Sancho
Ignacio Sancho

Soy un tico con una gran ilusión de cambiar la sociedad en la que vivimos por una sociedad llena del Amor y la Misericordia de Dios, a través de todos los jóvenes y su compromiso con Cristo. Viviendo el día a día con una esperanza tan grande como lo es alcanzar el Cielo y poder disfrutar de las infinitas maravillas que Dios tiene para nosotros cuando logremos alcanzar la vida eterna. Agradecido con Dios por todas las gracias y las bendiciones que recibo en cada momento de mi vida y comprometido a luchar por Cristo y con Cristo con el objetivo de transformar vidas y salvar almas así como Él lo hizo conmigo.

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