Un mundo paralelo

Un mundo paralelo

Érase una vez… o mejor, hace 10 años, en un recóndito municipio del departamento de Antioquia, en Colombia, tuvo lugar una fascinante historia que me doy a la tarea de relatarles:

Fue un Jueves Santo, de frente al Santísimo Sacramento; un adolescente medianamente vivaz y suficientemente apático, arrodillado (por pena) se atrevió a mirar una pálida hostia en un pequeño recipiente de metal al que todo el mundo trataba con parafernalia. Osó preguntarle: ¿De verdad… existes? ¿Estás ahí?… Haz algo…

Nada pasó, aparentemente, pero el interior de ese desubicado misionero se estremeció y en su interior encontró una respuesta llena de amor y de felicidad.

Con el entusiasmo de un quinceañero y la energía de haber encontrado un nuevo sentido a la vida, comenzó todo un camino lleno de sorpresas y bendiciones. Un año de colaborador, un discernimiento vocacional, muchas reuniones, muchos apostolados, muchas almas, decenas de Misiones, y así, sin darse cuenta su vida cambió drásticamente desde ese momento.

A ratos, y durante estos diez años, el ahora joven (quizás adulto, pero con problemas para aceptarlo) se pregunta… ¿qué hubiese pasado si no hubiera ido a esas Misiones? ¿Dónde estaría hoy si -como mi experimentado compañero- me hubiese dormido en una silla y no hubiese tenido esa conversación con Jesús Eucaristía?

La respuesta es absolutamente tenebrosa.

Su mente se traslada a un mundo paralelo, donde los afanes que hoy para él son tentaciones y distracciones, serían su razón de ser. Donde el dinero, el placer y el consumismo serían su religión. Un mundo donde la percepción del ser humano, de su familia, de las mujeres, de sus amigos sería tangencialmente diferente. Un mundo donde Semana Santa significaría vacaciones, donde las misas fueran eventos sociales y donde el amor fuera una utopía.

Ese misionero, que no ve la hora de empacar su maleta para las próximas Misiones, y que ahora les escribe estas líneas, sabe mejor que nadie cuántas incoherencias, cuántas luchas y cuántos momentos ha deseado en estos diez años tirar la toalla y alejarse de ese Dios que conoció, que lo enamoró y que lo ha guiado por el camino estrecho. Pero también es el único que conoce, cuánta felicidad hay en su corazón cuando mira a los ojos a esa misma hostia y ya en su alma no hay ninguna duda que Él sí existe, que Él sí está ahí, y que no deja de bendecir su vida.

Ya sé que es una historia cliché, pero ¿qué podemos hacer?, Dios tiene su lado romántico.

Solamente les digo, la vida que he vivido por nada la cambiaría, y probablemente si existieran esos mundos paralelos, sólo en este que está Cristo, encontraríamos verdadero amor y verdadera felicidad.

José Luis Álvarez
José Luis Álvarez

Abogado de profesión y apóstol por vocación. Amo el fútbol y la literatura; me encanta cocinar y ver a Cristo en mi familia y en mis amigos. Mi mayor anhelo es agradar a Dios con mi vida y vivir su voluntad en cada instante. Miembro del Regnum Christi desde el 2007 y con la gracia de haber participado del primer retiro Search.

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