Mi fuerza se refleja en la flaqueza

Mi fuerza se refleja en la flaqueza

Me senté lejos del que fuera mi lugar durante los primeros dos días. No importaba, mi alma y corazón se encontraban de fiesta. Después de días llenos de una extraña combinación de emociones y sentimientos, lo último que cruzaba por mi mente era si el lugar donde me debía sentar era el indicado o no. Me senté, dispuesto a probar los alimentos y para mi sorpresa me encuentro con rectángulo blanco; – ¡No lo toques! ¡Espérate! – escucho que mi gritan. Pasa el tiempo y llega el momento de saber que tenía ese pedazo de papel. Lo volteo y me encuentro con una imagen, sencilla pero llena de significado. Arrastro mis ojos a la parte inferior de hasta lo que, en ese momento, era una hoja insignificante. Fijo la mirada y me encuentro con una oración que, por más pequeña, inspiró lo que a continuación te escribo.

 

“Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2 Cor, 12,9)

 

Cristo, viéndome sentado admirando una simple hoja de papel, decidió hablarme a través de un converso; de uno de sus predilectos; San Pablo. No vengo a contarte su historia, pero sí como su historia, miles de años después, sigue inspirando corazones.

 

Pablo era un hombre fuerte, un general de la milicia romana, el más temido de los perseguidores de los cristianos. Una persona violenta y soberbia. ¿Cómo alguien podría seguir a Cristo? – pensaba Pablo para sí mismo – ¿Cómo alguien podría creer en alguien que murió y supuestamente resucitó? Se repetía aquel Pablo fuerte, difícil de traspasar, difícil de cambiar.

 

Pablo, el hombre fuerte y poderoso cae de su caballo. Una luz lo deja ciego. – Pablo, Pablo, ¿Por qué me persigues? – ¿Quién eres tu señor? – Yo soy Jesús, a quien tu persigues –. “Mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”. Pablo se encuentra en el punto más débil y de mayor flaqueza, y es ahí donde experimenta a Cristo; es ese el momento donde todos experimentamos a Dios. Y no existe mejor prueba de ello que Cristo en la Cruz.

 

La cruz, por todo lo que representa, pareciere es un escándalo y necedad. La cruz, por lo que aparenta, pareciere fracaso, dolor, derrota, muerte, debilidad, flaqueza. Y a pesar de ello, Jesús decide morir en una cruz. Pareciere inconcebible creer que un Dios pudiere acabar en una cruz. Y es aquí donde radica la genialidad de Cristo, en convertir un instrumento de escándalo, necedad y debilidad, en un instrumento de amor gratuito, de misericordia, de salvación: “Mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”.

 

La cruz es salvación y por tanto es una gracia, un don de Dios. La salvación no es un mérito de los hombres sino una gracia que Cristo nos regala en la cruz misma. La cruz, es la viva imagen del poder ilimitado del amor de Dios, porque es expresión de amor y el amor es el verdadero poder que se revela precisamente, en esta aparente debilidad. La cruz, revela el Poder de Dios. La cruz ha vencido la historia; la cruz ha vencido la sabiduría que se opone a ella. La cruz muestra la debilidad del hombre y, por otra parte, el poder y amor gratuito de Dios.

 

Es este el punto donde debemos identificarnos con Cristo. Es en nuestro mayor momento de flaqueza; en cada una de nuestras caídas; en cada momento que nos sentimos perdidos; en cada momento que nos sentimos más lejos nos de Dios; en cada golpe que la vida nos da; en cada situación que el mundo nos presenta y no logramos entender; en cada momento que nos sentimos perseguidos; en cada momento que nos sentimos no entendidos; en cada momento de debilidad, es ahí, es ahí donde encontraremos la fuerza del Señor;  es ahí donde radica la fortaleza de Cristo; es ahí donde sentiremos el amor más profundo, el amor más poderoso; es ahí donde encontraremos la misericordia de Dios; es ahí donde experimentaremos de la forma más pura a Cristo; es ahí donde la cruz se convierte en salvación; es ahí donde renunciamos a nuestra propia vida y nos entregamos al misterio de la cruz; es ahí donde podemos decir “Cristo vive en mí”.

 

Como San Pablo, debemos renunciar a nuestra propia vida y entregarnos al misterio de la cruz, que es salvación. Y también nosotros, debemos encontrar nuestra fuerza en la humildad del amor y en la debilidad de la renuncia, para entrar así en la fuerza de Dios. No vivamos para nosotros mismos, sino para Dios, quien te amó y se entregó a sí mismo por ti.

 

“Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”.

 

Edmundo Elias Loyola
Edmundo Elias Loyola

Soy un joven mexicano que intenta ser abogado, emprendedor pero siempre un soñador. Busco la felicidad, la trascendencia y cambiar el mundo. Sufro de hiperactivismo en Cristo, te invito a compartir mi trastorno.

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