Hoy doy gracias a Dios

Hoy doy gracias a Dios

Creo que todos en algún momento nos hemos sentido tan cerca de Dios que sentimos que podemos abrazarlo, platicar con Él cara a cara, llegar a visitarlo y contagiarte de una paz inmensa. Es un privilegio sentirlo en tu vida, los miedos no existen, tu confianza aumenta un 1000%, simplemente todo es mejor de la mano de Dios. ¿Pero, qué pasa cuando no es así?

 

¿Qué pasa cuando Dios empieza a poner a prueba tu amor, tu confianza y tu fe por Él? Dicen que Dios les pone sus peores batallas a sus soldados más fuertes, ¡y vaya que fue una batalla dura la que viví! Antes de comenzar el verano tenía mil herramientas para fortalecer mi fe y amor con Dios, sentía una presencia de Dios increíble. Mi rutina diaria era la mejor, levantarme a las 6:30am darle gracias a Dios por un día más de vida, poner una canción mocha de Search para despertar y llenarme de alegría. Escuchar el Evangelio del día en el carro, bendecir los alimentos antes de comenzar a disfrutarlos, hacer una visita al Santísimo, leer un poco de la Biblia, encontrar a Dios en la gente, tener actividad de Reino, y al final del día platicar con Dios hasta quedarme dormido. Cuando existía la oportunidad tenía dirección espiritual, sesión de Gospel, horas eucarísticas, me confesaba cada semana, todo lo que estuviera a mi alcance, lo aprovechaba.

 

De pronto se viene una tormenta, ¡Pum! Una pausa de todo, adiós levantarse temprano, se acaban los Gospels, las horas eucarísticas, las sesiones de Reino y más. Llego a un punto en el que me empiezo a quedar sin herramientas. Entonces la tormenta se empieza a fortalecer y mi fe a debilitarse. Entre más intento levantarme, más empiezo a caer y empiezo a faltar a Misa, dejo de hacer visitas al Santísimo, y simplemente empiezo a dejar de buscar a Dios.

 

Hoy les digo que no hay dolor más grande que caer en la tibieza espiritual. Es horrible el levantarte con el deseo de querer buscar a Dios y simplemente no poder dar el paso por flojera, o excusas, o por “mejores planes”. Se empiezan a presentar más pecados y menos confesiones y al final mi vida se empieza a convertir en un efecto dominó de tibieza. Esa persona que tanto admiraba, comenzó a darme tristeza.

 

Pero poco a poco Dios empezó a tocar mi puerta otra vez, pero en mi decepción decido no abrirle por sentir que le he fallado. Sigue tocando más y más fuerte y empiezo a mentirme; “mañana lo hare” o cositas así. Sin embargo, Dios es tan sabio y perfecto que decidió seguir luchando por mí cuando debió haber sido al revés. Un día tocó donde menos me lo esperaba y al principio no entendía por que, hasta que poco a poco empezó a manifestarse en esas personas que tuvieron gran impacto en mi vida y me hicieron encarrilarme a Él. Podría decir que esas personas fueron los ángeles que necesitaba en ese momento, para volver a ser ese hombre del que Dios se sentía orgulloso o incluso, alguien mejor.

 

“Mi alma está unida a Ti, Tu mano me sostiene.” Salmos 23,9

 

De pronto la tormenta comienza a desvanecerse, me confieso y saco todas esas penas y dolores que tenía guardado. Por fin llega el momento de recibir la Eucaristía y como era de esperarse, vuelvo a sentirlo, mi motor empieza a andar, el deseo de querer mantener esa flama encendida comienza a aumentar y todo empieza a tomar su curso anterior. ¡Al fin desaparece la tibieza! Hoy doy gracias a Dios por darme la fuerza de reencontrarme con Él, de presentarme oportunidades para crecer como persona, de volver a darme la capacidad de conseguir las herramientas necesarias para seguir siendo feliz de la mano de Dios.

 

Hoy los invito a que su motor sea Dios, a que siempre estén fortaleciéndose día a día en su fe y amor por Dios, a que compartan su amor a través de la Biblia y sus testimonios. Que el momento en el que quieran presentarse las tentaciones y la tibieza, no puedan ni hacerles cosquillas. Si estas leyendo esto es porque tenemos algo en común junto con toda la comunidad Search; Dios ha tocado tu corazón y no existe mayor felicidad que Él. “Nadie fuera de Cristo podrá darnos la verdadera felicidad.”

 

“Doy gracias a mi Dios cada vez que los recuerdo. Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes.” Flp 1, 3-4

 

Carlos Marrufo
Carlos Marrufo

Joven mexicano de 21 años completamente enamorado de Dios y de la vida. Mi propósito en este mundo es dejar la huella de Dios en cada persona que cruce por mi camino."Haz lo posible y Dios hará lo imposible."

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