Esperar por algo diferente ¿Vale la pena?

Esperar por algo diferente ¿Vale la pena?

En un mundo donde todos los días buscamos siempre lo más fácil y lo que nos haga “felices”, me he dado cuenta que todavía hay muchos que le apuestan a algo más, a algo diferente, a algo más grande.

 

Desde chiquita siempre he soñado con casarme y formar una familia. Y no precisamente por usar un vestido de princesa o las joyas de mi abuelita, sino porque siempre he tenido la certeza de que formar una familia es uno de esos momentos donde puedes experimentar un amor tan grande, tan pleno que creo que se parece al que experimentaremos en el cielo.

 

Constantemente escuchamos que cada vez mas, los jóvenes pierden la conciencia, se desvían del camino y se envuelven en el egoísmo, la avaricia, la lujuria y la pereza. Yo sé que hay muchos que son la excepción a la regla, que no quieren formar parte de la estadística y por eso en mis oraciones siempre pedí que mi pareja fuera uno más. Una de esas personas que no tiene miedo de respetar, que valora al otro por lo que es y que quiere cuidar su corazón y su persona.

 

Todo mundo me hacía creer que era imposible y que no podía ser tan “exigente”, pero Dios lo puso en mi camino de una forma misteriosa.  Primero fuimos amigos y luego nos hicimos novios. Todos los días, desde el principio de nuestra relación, Dios fue moldeando nuestros corazones, fue forjando nuestra voluntad, fue dándonos una mano cuando nos caímos y ofreciéndonos otro día más. Después de algunos años de noviazgo llenos de risas, miedos, sueños, pláticas, cafés, comidas y momentos. Tomamos una decisión que será para la eternidad: decidimos caminar juntos al matrimonio.

 

Muchos reaccionaron de forma que no esperamos, preguntaron si estaba embarazada, o incluso me dijeron que lo pensara bien, pues estaría cometiendo el error más grande. Algunos otros dijeron que estaba muy chica y no sabía lo que hacía, que estaba desperdiciando mi vida…

 

Creemos en el amor verdadero, ese que va más allá de los sentimientos, pues esta cimentado en la voluntad. En una voluntad que acepta los defectos y magnifica las cualidades. Creemos en un amor de tres, donde Dios es la fuerza que nos une. Un amor que no tiene límites, pues está llamado a multiplicarse a través de los hijos. En un amor diferente, pero real. En un amor que se vive y se ve en obras, en detalles, en abrazos, oraciones y silencios; pues como dice el Papa Francisco “El amor no es ni sordo ni mudo”.

 

Y si, sabemos que no es fácil ser diferente en un mundo que va tan deprisa, pero estamos convencidos que no es imposible; que no hay nada que con tiempo, dedicación, amor, respeto y entrega no pueda durar toda la vida. Porque el Papá Francisco dice, “El matrimonio es como una planta. No es como un armario, que se mete allí, en la habitación, y basta espolvorearlo de vez en cuando. Una planta está viva, se cuida cada día: se ve cómo está, se le pone agua,  y así.”

 

Por eso tú también, apuesta por alguien que quiera ir más allá y escoge a ese alguien que Dios ha escogido para ti porque te hace mejor mujer, porque te dignifica. Porque no todos los jóvenes son iguales y todavía hay unos que están dispuestos a sacrificar el momento, por algo que vale la pena.

 

Así que por favor no aceptes cualquier cosa, Dios no tiene cualquier cosa para ti, sino algo valioso y especial.  Y aunque seas imperfecto y no lo merezcas, el amor de Dios por ti no va y viene, sino que es permanente. Se queda para siempre.

 

Por eso, hoy puedo decir muy segura que valió la pena haberte esperado, valió la pena cada “no” que dijimos, cada momento y sobre todo cada oración, pues hemos elegido ser un “nosotros” junto con Dios.

 

 

 

Rosamary Rodríguez
Rosamary Rodriguez

Psicóloga apasionada por Cristo. Firme creyente de que en el día a día podemos cambiar al mundo.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.