El amor de mi eternidad

El amor de mi eternidad

Llegamos a esta vida con un solo propósito: amar y ser amados. Pero para llegar a la excelencia del amor que Dios quiere para cada uno de nosotros, hay que aprender a amar con un corazón como el de Jesús. Ese es el aprendizaje más grande al que podemos aspirar.

 

Muchas veces nos desviamos del camino que Dios tiene para nosotros. Nos aferramos a un amor que sabemos que no es el indicado. Nos olvidamos de lo que Él quiere darnos y aceptamos a una persona que no hace florecer lo mejor que tenemos para ofrecer, que no nos santifica, que no nos ayuda a ser la mejor versión de nosotros mismos, esa para la cual hemos sido creados. Incluso intentamos buscarlo en lugares equivocados, hacemos que nuestras alegrías dependan de algo que podemos perder. Ese es el comienzo de una vida llena de decepciones, de corazones rotos y de esa constante e interminable lucha por encontrar la verdadera felicidad que hasta este punto, parece ser efímera.

 

Nos olvidamos de que la clave para una vida plena es esperanzarse en Dios. Justo como una persona que admiro bastante me enseñó: “La esperanza es vivir hoy, con la certeza de que has depositado tu corazón en un lugar seguro”. A fin de cuentas no hay nada más seguro que Jesús. Los bienes materiales proporcionan seguridad pero no una satisfacción absoluta y las personas cambian, cometen errores y lo más doloroso de todo, son finitas. Es por esto que, lo primero que necesitamos comprender es que nuestra felicidad debe estar ligada a un amor incondicional, perfecto e infinito. Un amor que solo Dios puede y quiere ofrecernos.

 

Si supieras cuanto te ama Dios, dejarías de intentar incansablemente ser digno del amor de alguien más. Cuando encuentras el amor verdadero, dejas la desgastante búsqueda de la felicidad en lugares equivocados. Ese amor que te busca y espera desde siempre. Dejas de mendigar amor cuando comprendes que hay alguien ahí arriba que te ama tal y como eres, que ve tus defectos, tus errores, tus tropiezos, tus cicatrices y aun así te mira con ternura, que te ama como si lo merecieras todo. Para quien eres la niña de Sus ojos y que ese es el tipo de amor que Él quiere regalarte.

 

Enamorarte del Amor por excelencia es el primer paso para poder esperar a la persona que Él tiene para ti. Es por eso que si quieres un noviazgo que te prepare para un matrimonio feliz, debes empezar a trabajar en ti y en la relación más importante de tu vida: con Dios.-En lo que te toca aprender y formarte hoy para ofrecer a esa persona tu mejor versión y complementarla, para juntos poder llegar a la santidad.

 

El segundo paso es aprender que el amor es un compromiso de amar como Cristo lo hizo. No es un sentimiento que puede cambiar de la noche a la mañana, es escoger diariamente a la persona, reconocer su imperfección, aprender a aceptar sus defectos y admirar sus virtudes.

 

Hay que tener cuidado de no poner el peso de nuestras expectativas en los hombros de la persona que escogemos amar, pues es un ser igual de imperfecto que tú y que yo. Una persona que comete errores y no siempre va a actuar de la manera en que esperas, pero es ahí donde se manifiesta ese acto que consiste simplemente en salir de sí mismo para entregarse a alguien más.

 

Pensar que estoy queriendo a la persona porque la he escogido y no solamente por lo que me hace sentir sino por lo que yo puedo aportar en su vida. Si la fuente de tu amor es únicamente lo que tú sientes, acabarás dándote por vencido con cada persona que conozcas, pues terminarás decepcionándote con su imperfección. Amar a alguien es santificarlo, luchar juntos por el propósito que Dios tiene en sus vidas.

 

Por todo esto, hay que reconocerse humildes ante el amor, saber apreciar ese regalo que Dios nos da de compartir nuestras tristezas, alegrías, sueños y metas con alguien más. Así como reconocer que esa persona nos está confiando lo más preciado que tiene, su corazón.

 

Viéndolo desde esta perspectiva, es una gran responsabilidad la que tenemos hoy de formarnos y sobre todo, de esperar por ese amor que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros, sin olvidarnos de que el pilar en todo momento debe ser Él.

 

Por eso, no te estanques en un amor a medias, un amor de una noche, un amor que no saca lo mejor de ti, un amor que no te acerca a la verdadera felicidad. Lucha hoy por tener en tu vida a esa persona que antes de amarte a ti, ama a Dios. Que conoce que para dar debes tener, aquél que comprende que quien tiene la misión de darse a otros, primero debe crecer en el amor a Dios. Encuentra, antes que nada, esa historia de amor que tanto buscas en la Biblia, pues no hay amor más grande que el de quien dio Su vida por nosotros.

 

“Enamorarte del amor de tu vida debe ser hermoso cuando primero te has enamorado del Amor de tu eternidad.”

 

 

 

Laura Berzunza
Laura Berzunza

“Mexicana, financiera y bailarina, enamorada de Dios y de la vida. Intentando ser luz del mundo y testigo de su amor. Mi mayor aspiración es aprender a amar hasta que duela, amar hasta el extremo, amar como Jesús”

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