Carta a mi más grande escándalo

Carta a mi más grande escándalo

A mi más grande escándalo:

Alguna vez leí que eras el más grande escándalo. Francamente no lo entendí, es más, me pareció una falta de respeto, considerando que yo no disfrutaría el que alguien me definiera de esa manera. Tiempo después, en uno de esos muchos momentos de ociosidad decidí investigar el significado de dicha palabra y encontré, dentro de sus muchas definiciones, dos que me llamaron la atención. La primera de ellas, “piedra con la que uno tropieza” y la segunda, “asombro, pasmo, admiración”. Después de entenderlas, todo cambió… Porque sí, me tropecé contigo y al encontrarme con tu mirada, me asombré, te admiré y te amé. Es por todo ello mi Cristo, mi Jesús, que ahora te considero y seguiré considerándote el más grande escándalo.

Eres el más grande escándalo porque dejaste tu condición divina y te hiciste uno de nosotros.

Eres el más grande escándalo porque al hacerte uno de nosotros, actuaste en lo humano y como humano.

Eres el más grande escándalo, porque al actuar como humano, redefiniste al hombre y nos enseñaste que no hay nada más grande que el amor al prójimo.

Eres el más grande escándalo, porque a pesar de ese infinito amor, fuiste condenado.

Eres el más grande escándalo, porque pudiéndote salvar de esa condena, decidiste morir en una Cruz.

Eres el más grande escándalo, porque no solamente decidiste morir en una Cruz, sino que lo hiciste por mí.

Eres el más grande escándalo, porque no solo moriste por mí, sino que resucitase en mí.

Eres el más grande escándalo, porque no solo resucitaste en mí, sino te quedaste conmigo en simple pedazo de pan.

Eres el más grande escándalo, porque ese simple pedazo de pan, es el alimento más perfecto y necesario para mí.

Eres el más grande escándalo, porque cuando más me alejo de ti, más cerca te siento.

Eres el más grande escándalo, porque cuando más errores cometo, más perdón recibo.

Eres el más grande escándalo, porque nunca críticas mi caída, sino que santificas el que me levanté en ti.

Eres el más grande escándalo, porque cuando más te niego, más te abrazas a mi alma.

Eres el más grande escándalo, porque no puedo no amarte, no seguirte, no querer ser tuyo.

Eres mi más grande escándalo, eres la piedra con la que me tropecé. Eres el ruido que alegra y mueve mi corazón y que nunca quiere dejar de admirarte. Eres Tú mi modelo a seguir. ¡Ayúdame a que me vean a través de ti!, ¡a que la gente esté dispuesta a tropezarse contigo como lo hice yo! Una de las grandes tareas que me has encomendado es que sea como Tú, y claro que quiero ser un escándalo para los demás, un escándalo de misericordia, de perdón, de amor, de ternura, de humildad, de sacrificio, de paciencia, de justicia.

No está de más comentarte que por más que intento no está nada fácil, al grado que hay momentos que me convierto en todo lo contrario. Pero te prometo y me comprometo contigo a seguir trabajando día con día para convertirme en un reflejo tuyo, en tu imagen y semejanza. Tú sabes que seguiré cayendo, pero ahora sé que me puedo levantar, tomarte de la mano y volver a emprender el camino. Tu sabes que tendré momentos donde no querré seguir, pero ahora sé que siempre recibiré tu palmada en mi espalda y un grito tuyo en mi corazón que me dice: ¡Claro que puedes!

Aprovecho para darte las gracias por la oportunidad de ser escándalo para los demás y por haberte hecho hombre, que murió y resucitó, porque es ahí donde encuentre el mejor modelo de vida y el mayor ejemplo para cumplir lo que tanto esperas de mí.

Gracias por ser mi mayor escándalo.

Con un amor y gratitud infinita,

 

Tú más grande admirador.

Edmundo Elias Loyola
Edmundo Elias Loyola

Soy un joven mexicano que intenta ser abogado, emprendedor pero siempre un soñador. Busco la felicidad, la trascendencia y cambiar el mundo. Sufro de hiperactivismo en Cristo, te invito a compartir mi trastorno.

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